Lucas
Mallada y Pueyo (1841-1921) nació en la ciudad aragonesa de Huesca el 18 de
octubre de 1841. Su padre, era funcionario de la Diputación, le dio a su único
hijo una educación muy buena. Sobre 1848, cuando Lucas tenia siete años ,
decidió trasladarse a Zaragoza en busca de nuevos horizontes profesionales.
En 1859 (el año en que Darwin publicaba su Origen de las Especies) la familia
se traslada a Madrid. Estos cambios de domicilio hicieron que el joven Lucas
iniciase el bachillerato en Zaragoza y lo finalizase en Madrid en junio del
año 1860. No se conocen los motivos personales por los cuales Lucas se inclinó
por los estudios de Ingeniería de Minas, que culminó cinco años más tarde,
en 1865, cuando contaba 24 años de edad. Su expediente académico, que se conserva
en los archivos, muestra que no era un alumno excesivamente brillante: en
su promoción, compuesta por diez estudiantes, ocupaba el penúltimo lugar si
nos atenemos a las calificaciones. Sin embargo, su talento para "leer" la
rocas se despertó con fuerza durante sus prácticas reglamentarias en las minas
de mercurio de Almadén (Ciudad Real).
Hombre
de profundos conocimientos geológicos, Mallada valoró siempre en su justa
medida el valor del registro fósil dentro de los estudios estratigráficos.
Preocupado por el escaso conocimiento paleontológico de sus colegas del Mapa
Geológico inició en 1875 la recopilación de datos para la publicación de lo
que sería la Sinopsis de las especies fósiles que se han encontrado en España.
Fruto del tesón de su trabajo, el material fue publicándose en el Boletín
Geológico y Minero entre los tomos II y XVII (entre 1875 y 1891). Simultáneamente
se publicaron en volúmenes aparte: Terreno Paleozoico (1878), Sistemas Triásico
y Jurásico (1885) y Sistema Cretácico inferior (1887). Contienen una ingente
cantidad de información dispersa entonces en la bibliografía de final de siglo.
Se describen en la Sinopsis unos mil quinientos fósiles que se figuran a lo
largo de cerca de doscientas láminas. Para la comunidad científica de paleontólogos
españoles es un deber y sobre todo un motivo de orgullo profesional divulgar
sus aportaciones a través, sobre todo, de la Sinopsis y del Catálogo General
de las especies Fósiles encontradas en España publicado en 1892.
El objetivo de la publicación de la Sinopsis de las especies fósiles, publicada
entre 1978-87, fue el de colaborar a resolver una gran dificultad de los miembros
de la Comisión del Mapa Geológico para utilizar los fósiles como auxiliar
del geólogo de campo y de laboratorio, de acuerdo con las modernas ideas de
Lyell: "la carencia de un cuerpo de doctrina donde se hallen reunidos los
diversos materiales hasta ahora conocidos de la Paleontología española" (Mallada,
1878, p.1). Y más adelante escribe: "Reunir en un solo volumen los esparcidos
datos obtenidos hasta el día y presentar los rasgos más notables de cada especie,
nos parece de interés para los principiantes, que por falta de los libros
de Paleontología necesarios, se ven detenidos en las precisa clasificación
de las formaciones, y desmayan o retroceden desde los primeros pasos que se
dan en el terreno" (Mallada, 1878, pp.1-2). Sin embargo, la Sinopsis quedó
corta en pocos años. Mallada trabaja por ello intensamente en un proyecto
más ambicioso: el de la publicación del Catálogo General de las especies Fósiles
encontradas en España. Este no vio la luz pública hasta cinco años más tarde,
en 1892.
El objetivo perseguido por Mallada con su publicación es expresado por él
mismo: "Resultaba, por tanto, a causa de tantos trabajos nuevos, que nuestra
Sinopsis iba quedado anticuada; y por otra parte, su objeto es diferente del
correspondiente a este Catálogo. En aquélla nos proponíamos difundir en nuestro
país la afición a los estudios geológicos, sobretodo entre los individuos
del ramo de Minas que se decidieran a auxiliar las tareas de la Comisión del
Mapa al mismo cuerpo de Ingenieros encomendado; mientras que el Catálogo que
hoy emprendemos se destina de preferencia a las personas ya versadas en este
ramo de la ciencia que quieran contribuir a obtener algún día un índice completo,
exacto y de incuestionable utilidad en que se incluyan todas las especies
fósiles de España" (Mallada, 1892, p.2).
Desgraciadamente -tal como sucede en tantas ocasiones- el proyecto inicial
de Mallada nunca se vió culminado. Pretendía publicar un "Indice alfabético
de especies con todas las rectificaciones de los próximos diez años". En sus
mismas palabras: "A este fín, el señor Director se propone hacer llegar este
Catálogo a la mano de los hombres estudiosos de España y del extranjero, háyanse
ocupado o no de los terrenos y fósiles de nuestro país, que se hallen en situación
de corregir los defectos de esta obra, para aproximarnos en cuanto quepa a
la Verdad, amparo y guía de todas las ciencias" (Mallada, 1892, p.3). Pero
la actividad prodigiosa de Mallada no se redujo a los trabajos de la Comisión
del Mapa y a la publicación de la Sinopsis y el Catálogo de 1892.
También participó en tareas de docencia superior. En 1879, quedó vacante la
Cátedra de Paleontología de la Escuela Superior de Ingenieros de Minas de
Madrid, por traslado de su titular, D. Justo Egozcue y Cía. Esta Cátedra le
fue ofrecida a Lucas Mallada, que la ocupó brillantemente durante 12 años,
entre 1880 y 1892. En 1895, la Real Academia de Ciencias le invitó a ocupar
el sillón que, con su muerte, había dejado vacante su mentor D. Manuel Fernández
de Castro. El geólogo y paleontólogo aragonés aceptó -quizá con reticencia,
como apunta su biógrafo Alastrué- la honrosa invitación y leyó su discurso
de ingreso en 1897, poco antes de que leyeran los suyos Práxedes Mateo Sagasta
y Santiago Ramón y Cajal. El tema elegido por él mismo fue el de los progresos
de la geología española del siglo XIX. En él sintetiza al final de su vida
todo lo que, con tanto esfuerzo, habían realizado los geólogos españoles durante
este siglo.
Durante los últimos años del siglo XIX y principio del XX, hasta su fallecimiento
(el 6 de febrero de 1921) lleva una vida de trabajo riguroso en la Escuela
de Minas, frecuenta la amistad de Serafín Baroja, ingeniero de Minas y padre
de Pío Baroja. Todo hace apuntar que los siete últimos años de su vida fueron,
probablemente, años de enfermedades, de soledad y, quizá -dado el patológico
pesimismo de Mallada- de sombría desesperanza.
LUCAS MALLADA