Prefacio
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Capítulo X EL SILICIO, FUNDAMENTO DE LA CORTEZA TERRESTREElemento silicio y mineral sílice
Esta historia me acude a la memoria siempre que se habla del cuarzo. Me muestran los objetos más diversos: una bola transparente, que brilla en los rayos del sol como agua fría de manantial, el bello y abigarrado dibujo del ágata, el vivo y rico juego de colores del ópalo, la arena pura en la orilla del mar, un filamento de cuarzo fundido fino como la seda o utensilios termoestables, elaborados de este material, pedazos amontonados de cristal de roca con sus lindas facetas, el fantástico jaspe de dibujo misterioso, un árbol petrificado convertido en sílice, la punta de flecha groseramente elaborada del hombre primitivo; y a cualquiera de mis preguntas se contesta: todo esto está constituido de cuarzo y minerales similares a él por su composición. Todo esto es una misma combinación química de los elementos silicio y oxígeno. El silicio tiene el símbolo químico convencional Si . Es, después del oxígeno, el elemento más difundido en la naturaleza. No se encuentra jamás en estado libre, sino que siempre forma la combinación con el oxígeno: SiO 2 , que se denomina sílice, ácido silícico o bien óxido de silicio. Por la palabra "silicio" frecuentemente recordamos, antes que nada, la sílice o pedernal, que muchos conocen bien aún desde la infancia: piedra dura que da chispas al chocar con el acero, empleada por el hombre primitivo para obtener fuego y, más tarde, para encender la pólvora en los fusiles de pedernal. Sin embargo, el mineral sílice no es el silicio de los químicos, sino una, y no la más importante, de sus combinaciones. El silicio es un notable elemento químico, cuyos átomos se hallan ampliamente difundidos a nuestro alrededor, en la naturaleza y en la técnica. Silicio y sílice
El silicio es el componente principal de la arcilla común. De él se forma en lo fundamental la arena de las riberas fluviales, los asperones y las pizarras. Por esto, no es extraño que cerca del 30% del peso de toda nuestra corteza terrestre esté constituido por este elemento y que, hasta una profundidad de 16 kilómetros, cerca del 65% corresponde a su principal combinación con el oxígeno, que los químicos denominan sílice, SiO 2 , y que nosotros llamamos más que nada cuarzo. Se conocen más de doscientas variedades de la sílice natural y más de cien denominaciones emplean los mineralogistas y geólogos al enumerar las distintas clases de este importantísimo mineral. Nosotros hablamos del óxido de silicio cuando nombramos la sílice, el cuarzo y el cristal de roca; hablamos de él, extasiándonos ante la hermosura de la avioletada amatista, el ópalo abigarrado, la roja cornalina, el ónice negro o el calcedonio de color gris. A él se refieren las bellas modalidades del jaspe, la piedra de afilar y la simple arena. Las denominaciones más diversas se dan a sus distintas variedades y, posiblemente, se necesita toda una ciencia para poder estudiar las numerosas combinaciones de este admirable elemento.
El hombre los emplea en la técnica y la construcción; sus principales variedades, la arcilla y el feldespato, se utilizan para obtener vidrio, porcelana y loza, fundiendo el cristal para ventanas y el cristal de roca para vasos, creando la fuerza magna de la técnica de la construcción: el hormigón, sólido como una coraza, uno de los materiales básicos para el asiento de nuevas autopistas, puentes y armazones de hormigón armado de las fábricas, teatros, casas, etc. ¿Qué puede compararse, en manos del hombre, por su solidez y variedad de propiedades con la sílice y sus combinaciones? El silicio en los animales y las plantas Antes de que el ingenio del hombre aprendiese a utilizar el óxido de silicio en su técnica, la naturaleza ya lo empleaba ampliamente en la vida de las plantas y los animales.
Allí donde hizo falta construir un tallo fuerte, una sólida paja de espiga, se concentraba un contenido elevado de sílice; y nosotros sabemos la gran cantidad que de él existe en la ceniza de la paja y, sobre todo, en los tallos consistentes de plantas como la "cola de caballo", que crecieron en las lejanas épocas geológicas de la formación del carbón de piedra, estirándose desde las depresiones pantanosas hasta alturas de decenas de metros, tal como hoy, abundantes de silicio, se elevan hacia el cielo los troncos de bambú en los jardines de Sujumi o Batumi.
En estas plantas, la naturaleza supo coordinar la ley de estabilidad mecánica con la solidez del propio material. Pero la firmeza del tallo tiene una enorme importancia práctica no sólo para las espigas de los cereales, para no dejar que el trigal se tumbe bajo los golpes del viento o la lluvia, sino también para otras suertes de plantas. Cada día se transportan en avión flores y plantas decorativas; y para que estas flores no se ajen y sus tallos se mantengan firmes, es necesario abonar en abundancia el terreno en que crecen con sales fácilmente solubles de silicio. Las plantas asimilan la sílice con el agua y sus tallos adquieren dureza y solidez. Y no sólo para los tallos de las plantas es precisa la firmeza del silicio y sus combinaciones. Las plantas más diminutas, las algas diatomeas, construyen su esqueleto de sílice. Sabemos ahora que en 1 centímetro cúbico de roca, formada a base de los caparazones de estas algas, hay cerca de 5.090.000 de estos pequeños organismos. Pero son sobre todo admirables las construcciones en que los animales emplean la sílice para formar su esqueleto. En diferentes épocas del desarrollo de la vida, los animales resolvieron de modo distinto esta cuestión de la solidez. En unos casos defendían su cuerpo por fuera con conchas calcáreas, en otros construían estas conchas con fosfato de calcio, otras veces, en lugar de caparazón, el fundamento del animal lo formaba un esqueleto consistente, constituido por los más diversos y sólidos materiales. Eran éstos, bien fosfatos de calcio, análogos a las substancias de que se forman nuestros huesos, o bien finas agujas de calado, de sulfatos de bario y estroncio; finalmente, algunos grupos de animales utilizaron el duro pedernal para construir con él su edificio. Así construyeron los radiolarios sus delicados y peculiares esqueletos de finas espículas silíceas. Algunas esponjas también hacen sus partes duras con espículas silíceas. De cientos de modos distintos se ingenia la naturaleza para emplear la sílice, creando con ella un apoyo fuerte para las células blandas y mutables. ¿Por qué las combinaciones del silicio son tan consistentes? Los hombres de ciencia intentaron los últimos años comprender ¿dónde radica el secreto de la asombrosa solidez que transmite el silicio a los esqueletos de animales y vegetales, a millares de rocas y minerales, a las más finas labores de la técnica y la industria?
Cuando los ojos de los roentgenólogos penetraron en el fondo de estas combinaciones silíceas, se descubrieron cuadros admirables que aclararon la causa de su firmeza y el enigma de su estructura.
Estos tetraedros se unen entre sí según leyes diversas y de ellos crecen edificaciones grandes y complicadas, muy difíciles de aplastar o doblar y en las que es muy difícil arrancar los átomos de oxígeno del átomo central de silicio. La ciencia actual ha aclarado que son posibles miles de tales combinaciones entre tetraedros. A veces se intercalan entre ellos otras partículas cargadas; en algunos casos nuestros tetraedros se reúnen en forma de alineaciones y capas aisladas, constituyendo la arcilla y el talco; pero siempre y por doquier la base de su estructura es una asociación de tetraedros.
Y de manera análoga a como en la Química Orgánica el carbono y el hidrógeno forman cientos de miles de combinaciones, en la Química Inorgánica el silicio y el oxígeno originan miles de construcciones, cuya compleja estructura interna ha sido descubierta por los rayos Roentgen. La sílice no sólo es difícil de destruir, por medios mecánicos, no sólo es tan dura que no puede cortarse con un cuchillo de acero afilado; químicamente también es muy estable, ya que ningún ácido, a excepción del fluorhídrico, la ataca ni la disuelve, y sólo los álcalis fuertes la disuelven débilmente 1 , transformándola en nuevas combinaciones. Se funde con mucha dificultad y sólo a 1600 – 1700°C comienza a pasar al estado líquido. De este modo, no es sorprendente que la sílice y sus numerosas combinaciones sean la base de la naturaleza inorgánica. En nuestro tiempo ha surgido toda una ciencia sobre la Química del silicio y todos los caminos de la Geología, Mineralogía, Técnica y Construcción se entrelazan a cada paso con la historia de este elemento. Historia del silicio en la corteza terrestre Examinemos ahora, a base de algunos ejemplos aislados, el destino que cumple el silicio en la corteza terrestre. Junto con los metales, forma la base de los magmas fundidos en las zonas profundas de la corteza terrestre.
He aquí unas vetas repletas de cuarzo blanco. Sabemos que algunas de ellas se extienden centenares de kilómetros. Grandiosas vetas de cuarzo se elevan como faros en las laderas de los Urales. Hay allí, a lo largo de cientos de kilómetros, vetas con huecos llenos de cristal de roca transparente. Estas son aquellas variedades transparentes del cuarzo sobre las que escribió el filósofo griego Aristóteles, dándoles la denominación de "cristal" y atribuyendo el origen del cristal de roca al hielo petrificado. Este es el cristal de roca que ya en el siglo XVI I se extraía de los "sótanos" naturales de los Alpes suizos, su cantidad en determinados lugares alcanzó hasta 500 toneladas, es decir, 30 vagones, cargados de cristal de roca. Algunos cristales poseen a veces proporciones grandiosas. En Madagascar fue hallado un trozo de cristal de roca de 8 metros de circunferencia. Los japoneses tallaron con cristal de roca de Birmania una esfera enorme, de más de un metro de diámetro, que pesaba cerca de tonelada y media. Otra variedad de la sílice, absolutamente distinta por su aspecto exterior a aquella de que hace poco hablábamos, se separa de la lava derretida cuando los vapores calientes, saturados de sílice, depositan en ciertas vetas o huecos gaseosos masas enormes de nódulos y geodas silíceas. Y cuando comienza la destrucción de las rocas, convirtiéndose en masas arcillosas disgregadas, se separan de ellas enormes bolas de hasta 1 metro de diámetro. En el Estado de Oregón, en los EE.UU., se les conoce con el nombre de "huevos gigantescos". Se parten en pedazos y, después, se cortan en Placas delgadas que se emplean para la obtención, de los magníficos ágatas laminares, materia prima para la fabricación de "rubíes" de reloj y de otros instrumentos de precisión, prismas de balanzas y morteros para los laboratorios químicos.
Observemos la arena, blanca como la nieve, de las costas del Báltico Y los mares del Norte, los millones de kilómetros cuadrados de desiertos arenosos del Asia Central y Kazajstán; la arena es precisamente la que determina la naturaleza de las costas marítimas y de los desiertos; polvo de cuarzo, bien recubierto con la patina rojiza de los óxidos de hierro, bien con predominio de sílex negro o blanco puro, lavado por las ondas marinas. He aquí elegantes artículos de cristal de roca. El habilidoso artífice chino, con ayuda de distintos rascadores y polvos de esmeril, creó fantásticos objetos de cristal de cuarzo. ¿Cuántas decenas de años empleó en tallar un jarrito de cristal de roca, en hacer un monstruoso dragón o modelar un pequeño frasquito para el aceite de rosas? He aquí una lámina de ágata, coloreada con tonos diversos. El hombre ingenioso aprendió a teñirla impregnándola con distintas soluciones, y del ágata gris y opalino obtiene láminas lisas y brillantes, vivamente coloreadas. Ante nosotros un cuadro aún más admirable: antiguos bosques enteros de árboles petrificados en Arizona; pétreos troncos de pura sílice, de ágata, en las regiones occidentales de Ucrania y también entre los estratos de los depósitos sedimentarios de Perm en la vertiente occidental de los Urales meridionales. He aquí la piedra tornasolada, centelleante, que recuerda el "fuego" del ojo de gato o de tigre. He aquí cristales enigmáticos en cuyo interior, "como una visión", parecen transparentarse otros cristales del propio cuarzo. Y las afiladas agujas rojo-amarillentas del mineral rutilo, que atraviesan interiormente en distintas direcciones los cristales de roca: las "flechas de amor". He aquí un fino fieltro dorado: "cabellos de Venus". Y una maravillosa piedra, hueca por dentro, casi del todo llena de agua: el agua tornasoles, reflejando todos los colores del arco iris, en el interior de la cáscara silícica. He aquí un cuerpo tubular de estructura extraordinariamente sinuosa; esto es el resultado de la acción del rayo sobre la arena de cuarzo, figuritas derretidas, "flechas del cielo" o "flechas del trueno", como les llama con frecuencia el pueblo. Y piedras procedentes del cielo, peculiares meteoritos, ricos en sílice, de vidrio verde o pardo, se encuentran en ciertos lugares del enorme cinturón que se extiende a través de Australia, Indochina y Filipinas.
¡Cuántas controversias surgieron acerca de estas enigmáticas formaciones! Unos las consideraban como restos del vidrio fundido por el hombre antiguo; otros pensaban que eran partículas derretidas del polvo terrestre; otros las creían producto de la fundición de las arenas, cuando cayeron sobre ellas masas de hierro meteórico; pero la mayoría de los científicos opinan que son verdaderas partículas de otros mundos.
La sílice y el cuarzo en la historia de la civilización y la técnica
He intentado en las páginas anteriores dibujar ante el lector la
complicada historia del cuarzo, la sílice y sus combinaciones. Empezando
por las masas fundidas hirvientes y acabando por la fría superficie de
la Tierra, comenzando en las regiones cósmicas y acabando en la arena,
en todas partes nos encontramos con el silicio y la sílice; en todas
partes aparece el cuarzo, como uno de los minerales más notable y
difundidos del mundo.
Podría dar fin con esto a la historia del cuarzo, si no fuera porque deseo relatarles, además, la enorme significación que tuvo el cuarzo en la historia de la civilización y la técnica. No en vano el hombre primitivo hizo sus primeras armas de pedernal o de jaspe. No en vano los primeros adornos en las antiquísimas construcciones de Egipto, en las ruinas de la época de la civilización sumeria de Mesopotamia, fueron hechos precisamente de cuarzo.
Existen muchas historias fantásticas acerca de este mineral. En las leyendas bíblicas se le concedía un significado inmenso. En la construcción del célebre templo de Salomón, en Jerusalén, este mineral representó un papel enorme bajo denominaciones distintas: ágata, amatista, calcedonio, ónice, etc. A mediados del siglo XV se creó la primera industria para la elaboración de esta piedra. Aprendieron a cortar, pulir, colorear y emplearla extensamente como adorno. Pero esto fueron intentos aislados, artesanos, que no poseían carácter masivo, hasta tanto que la nueva técnica no planteó exigencias más amplias. En la actualidad el cristal de roca se utiliza en gran escala en la industria y la radiotecnia, donde, con ayuda de las láminas de piezo-cuarzo, se captan las ondas ultrasonoras, transformándolas en vibraciones eléctricas. El cristal de roca se convirtió en una de las principales materias primas de nuestra industria. Y en lugar de la flauta tallada de cristal de roca (Museo del Arte, en Viena) y el samovar transparente (La Armería, en Moscú), vinieron las pequeñas láminas de cuarzo para la radio, que facilitan el progreso de uno de los mayores descubrimientos de la humanidad: la transmisión de ondas electromagnéticas a grandes distancias. Pero pronto el cuarzo, cristal de roca puro, va a ser hecho por los químicos. En grandes balones llenos de vidrio líquido, a altas temperaturas y bajo grandes presiones, crecerán aplicados sobre finos alambres de plata, cristales de cuarzo, puras y pequeñas láminas para la radio y, tal vez, para los cristales de nuestras ventanas y nuestra vajilla. Y los vivificadores rayos ultravioletas del sol, que son retenidos por el cristal corriente, penetrarán en nuestra habitación. Aparecerá vajilla de cuarzo fundido y se podrán sumergir, sin temor alguno, en agua fría las tazas de cuarzo caldeadas en el fogón. De finísimos hilos de cuarzo, tan delgados que es necesario juntar quinientos para obtener el grosor de una cerilla, serán hilados delicadísimos tejidos, y la sílice será, no sólo el material constitutivo del esqueleto de los diminutos radiolarios, sino que también la empleará el hombre para sus vestidos; ella "vestirá" al hombre con sus agujas y sus hilos...
1
La sílice se funde fácilmente mezclándola con sosa. En
este proceso el anhídrido carbónico de la sosa se desprende con
gran intensidad y se forma una bola transparente de silicato sódico,
soluble en agua. Por esto lo denominamos "cristal soluble".
2
Este nombre no es exacto, pues el "topacio ahumado" es simplemente cuarzo, SiO
2
y no verdadero topacio, cuya composición es más compleja; en
ella entran silicio, aluminio, flúor y oxígeno, Al
2
F
2
(Si0
4
)
3
Si el cristal de roca se cristaliza a temperatura superior a 573', se obtienen
cristales de aspecto peculiar, en forma de pirámides hexagonales. Si la
cristalización se verifica a temperaturas inferiores a 573°C, sus
cristales son distintos, tienen forma alargada longitudinalmente, a manera de
prisma hexagonal.
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