Arte
Zahorí y Radiestesia
El origen del Arte Zahorí es tan desconocido como la Geomancia Se sabe que fue practicado por la cultura egipcia de los tiempos
piramidales y consiste básicamente en sensibilizar el cuerpo humano a
las energías sutiles, tanto bioenergías (del ser humano) como
telúricas (de la tierra). A través de la historia, el Zahorismo ha sido
utilizado para muchos propósitos, básicamente para la búsqueda de
diversos objetos y materiales. Ha sido empleado por ejércitos, compañías
mineras, petroleras, buscadores de agua, y hasta por arqueólogos (1),
con éxito demostrado. Hoy día se puede observar un resurgimiento de
esta actividad.
El zahorí utiliza un bastón, vara o péndulo, de la misma forma
que los geomantes chinos utilizan su Lo P'an, la brújula del geomante.
Un zahorí puede, por ejemplo, sostener su péndulo de cristal sobre un
mapa o un terreno y, sin movimiento aparente de su mano, el péndulo señalará
un lugar determinado en respuesta a la pregunta que había formulado
interiormente el zahorí. O puede ocurrir también que el péndulo
comience a dar vueltas en el sentido de las agujas del reloj para
indicar una corriente positiva o un "Sí" como respuesta o
bien en sentido contrario a las agujas del reloj para indicar
"No". Pero aquí la geomancia se convierte más en un arte
intuitivo o psíquico que en una ciencia.
El arte Zahorí, así como la geomancia, es una práctica en que se
considera la energía telúrica, las energías sutiles del ser humano (bioenergía)
y sus interrelaciones. Estas prácticas eran consideradas como mágicas,
pero hoy sabemos que consistían en técnicas específicas y sencillas
que desconoce o no acepta la ciencia oficial. Lo que se conoce en la
actualidad al respecto se debe en gran parte a la tradición Maestro-
Discípulo. La aplicación actual de estas técnicas viene a ser, en
palabras de Román Cano, "la recuperación de un arte prácticamente
perdido, pero no totalmente olvidado".
En nuestros días, la práctica y técnicas de detección de energías
sutiles, y telúricas en particular, se agrupan dentro de un campo
denominado Radiestesia (se conoce también con otros nombres como
Rabdomancia y, en inglés, como "Dowsing"). Radiestesia
significa etimológicamente sensibilidad a las radiaciones. Los métodos
radiestésicos no sólo hacen uso de las antiguas artes Geománticas y
Zahoríes, también involucran investigaciones y tecnología de
vanguardia, aplicándose en el campo de la medicina (alternativa),
ayudando a la detección de enfermedades, así como también en el
novedoso campo de la geobiología y la arquitectura bioarmónica,
ayudando, entre otras cosas, a la determinación de los sitios adecuados
de construcción, y para la creación de hábitats armónicos y
saludables.
Las energías sutiles son energías que hasta el momento no se pueden
captar comúnmente con los cinco sentidos y, por lo general, ni con
instrumentos de medición tradicionales (como es el caso de las telúricas).
El instrumento utilizado para esta detección es el hombre mismo, el
cual de alguna manera inexplicada hasta el momento, puede captar
inconsciente o subjetivamente dichas energías sutiles. Parece ser que
la captación se evidencia mediante reflejos corporales o movimientos
micromusculares, que al ser poco perceptibles, requieren de dispositivos
amplificadores para poder ser cuantificados.
Estos dispositivos amplificadores consisten en herramientas sencillas
hechas de alambre de diversos materiales o ramas de árboles, que se
configuran generalmente en forma de varillas en " L" o en
" V". También se utilizan con mucha frecuencia los péndulos,
que consisten en un pequeño peso sostenido en equilibrio neutral, al
final de un trozo de cordel descendente en forma vertical. El Dr.
Hartmann diseñó sus propias varillas (que llevan su nombre) con las
que cualquier persona instruida en su manejo puede detectar la presencia
y la dirección de las linesa H (Hartman)
Zahoríes, geomantes y radiestesistas en general han encontrado que las
corrientes telúricas describen diversos patrones además de las
paralelas, entre los cuales están principalmente las ondulaciones y
espirales.
(1) Sobre el uso del Arte Zahorí en la arqueología cabe destacar
dos referencias: Se menciona como técnica en "Understanding
Archaelogical Excavation" de Philip Barber (Batsford 1986), y se
examina con perspectiva histórica la asociación entre zahorismo y
arqueología en la obra "Dowsing and Archaelogy", de Tom
Graves (Turnstone Press, 1980).
La
Red Hartmann
Lo primero que se aprende al iniciarse en la radiestesia es que todos los cuerpos emiten unas ondas o radiaciones que el
instrumento radiestésico traduce mediante una serie de movimientos. Los
radiestesistas, en su afán por catalogar cuanto se ponía bajo su péndulo
o varilla, fueron clasificando todos los cuerpos según sus radiaciones,
llegando al extremo de afirmar que cada persona, enfermedad, medicamento
u objeto, emite ondas particulares. No es de extrañar, entonces, que
intentaran hallar la radiación de cualquier anomalía detectada en uno
u otro lugar. Así fue como percibieron reacciones con sus instrumentos
en el emplazamiento de las camas de algunos enfermos, y comprobaron que
al hacerles desplazar la misma, o cambiar de habitación, se conseguían
abundantes casos de mejoría y curación. Las radiaciones causantes de
dichas perturbaciones fueron llamadas "ondas nocivas".
Los primeros en hablar del tema fueron los franceses; entre otros
muchos cabe señalar al abate Mermet, A. Bovis, J. Martial, Chaumery, A.
de Bélizal, L. Turenne y Enel. En Alemania, destacaron Kritzinguer y
Gotsche primero, y luego Von Pohl, cuya obra "Erdstrahlen als
Krankheitserreger" (Los rayos terrestres como causa de las
enfermedades), publicada en 1932, encontró amplio eco en todos los países.
Las primeras observaciones científicas sobre las influencias nocivas de
los suelos de las habitaciones, y las perturbaciones que provocan, se
atribuyen a un sabio inglés, el doctor Haviland, quien a finales del
siglo pasado presentó varios de sus trabajos a la Sociedad de Medicina
de Londres. Apenas le hicieron caso.
En el periodo de entreguerras, un ingeniero francés apasionado por la
radiestesia, Henri Mager, percibió la existencia de un determinado tipo
de radiación en el suelo de algunos terrenos. Constató que formaban
como una "red" de mallas relativamente regulares y que su máxima
intensidad se centraba en los puntos de intersección de las líneas de
la red. Mager limitó sus investigaciones a determinados lugares: suelos
muy mineralizados, arcillosos o que presentaban excesos de agua. Fue el
doctor Peyré, un médico del municipio francés Bagnoles-de-L'Orne,
apasionado por la radiestesia, quien enunció la hipótesis según la
cual esa cuadrícula energética circundaba todo el planeta:
Se trata de una radiación norte-sur, aparentemente magnética y
causada por el magnetismo terrestre, y una radiación este-oeste,
perpendicular a la primera y de apariencia eléctrica. Son radiaciones
rectilíneas, por lo que no pueden ser debidas a distintas influencias
telúricas, como la composición del suelo o a presencia en el subsuelo
de fallas o corrientes de agua subterráneas, que son siempre sinuosas y
surcan la corteza terrestre siguiendo un recorrido variable, en función
de los accidentes del suelo. (Esas nuevas radiaciones) cubren nuestra
esfera de una red que marca zonas cuadradas neutras, compartimentando el
suelo y elevándose en la atmósfera, entrecruzándose en dirección
norte-sur y este-oeste...
Payré efectuó todas las comprobaciones necesarias, llegando incluso a
organizar un crucero, para demostrar la validez de su teoría sea cual
fuere la longitud y la latitud del lugar. En un experimento público
efectuado el 25 de abril de 1937, demostró que en los puntos de
intersección de las líneas de la red que había detectado, los
vegetales se comportaban anormalmente.
Peyré realizó idénticas constataciones en los hombres y los animales;
sospechó que hay una relación entre la radiación y el desarrollo de
ciertos tipos de cáncer. En Auteuil, fue enviado a una edificio en el
que había dos casos de cáncer, en dos viviendas diferentes del primer
piso. Dió exactamente sobre la mitad de una cama en la que había
habido un caso de cáncer abdominal, y en la cabecera de otra cama donde
había fallecido una persona afectada de una cáncer en la garganta.
Para verlo, bastó con prolongar las líneas norte-sur y oeste-este
situadas en el exterior del edificio.
El doctor Peyré hizo escuela, aunque sus sucesores fueron a veces
injustos con él. Sus conclusiones fueron incompletas y no siempre
formuló las cosas con el adecuado vocabulario científico, no obstante
puede ser considerarlo uno de los principales precursores de la
geobiología moderna.
Sin embargo, el verdadero emprendedor de las investigaciones sobre esta
red de energía fue un médico alemán, el doctor Ernst Hartmann. El Dr.
Hartmann laboró por más de diez años en el estudio de las influencias
del medio ambiente en el hombre, principalmente las del subsuelo. En
1935, tras numerosas experiencias efectuadas en la ciudad en la que
ejercía, llegó a la conclusión de que la salud física y mental de
una persona depende del lugar en el que vive, duerme y ejerce su
actividad. Junto con un equipo de físicos y médicos, y tras numerosos
experimentos, concluyó que "la tierra está recubierta por una
red global de ondas fijas que parecen ser producidas por una radiación
terrestre que proviene del interior del planeta y que se ordena en forma
de retícula al atravesar las capas de la corteza terrestre"(1).
El Dr. Hartmann y su equipo midieron la resistencia del cuerpo humano y
las variaciones que ésta experimentaba al desplazarse una persona
dentro del área estudiada. Se encontraron así puntos donde se
registraban alteraciones bruscas en las mediciones. Al marcar estos
puntos sobre un plano, vieron que estos conformaban una especie de cuadrícula
o retícula, es decir, constituían los puntos de intersección de unas
hipotéticas líneas de fuerza o energía, dispuestas en forma de malla
o red. La existencia de estas líneas ha sido corroborada por
posteriores investigaciones e investigadores (médicos y físicos como
Pollak, Cody, Curry, Koenig, Varga, el ruso Dubrov y el italiano Drigo),
recibiendo el nombre Líneas Hartmann. La malla conformada por estas líneas
sobre la superficie terrestre se ha denominado Red Hartmann o Red H.
El arquitecto Rémi Alexandre la definió como una cuadrícula de
radiaciones o zonas de perturbaciones cosmotelúricas, como una inmensa
telaraña tejida a escala de todo el planeta.
De hecho, esa extensa red estaría compuesta de varias rejillas que se
superponen e interfieren. Podría decirse que todas forman una rejilla
global biológicamente activa. El doctor Hartmann constató que esa
"rejilla" global constituye un vasto conjunto de "paredes
invisibles", como una red o una cuadrícula de dimensiones
supuestamente fijas. Dispuesto sobre el suelo, se le encontraría
elevado en toda la biosfera.
Las líneas Hartmann se pueden concebir como paredes de energía sutil
emanando del subsuelo y extendiéndose verticalmente hasta una altura de
2,000 metros. Esta red se puede detectar en todas partes, tanto en
terreno llano como en la montaña, en el agua, en el exterior y en el
interior de las viviendas. Si éstas son de varias plantas, está
verticalmente presente en los mismos lugares de cada nivel. Estas líneas
o bandas se orientan en función de los polos geomagnéticos; corren
paralelamente en direcciones norte-sur y este-oeste. Su intensidad y
densidad son muy variables, dependiendo de innumerables factores como
son la hora del día y los cambios atmosféricos. No obstante se
establece una constante de unos 21 cm de espesor y su disposición
paralela a intervalos de 2.5 m en las orientadas norte-sur y de unos 2 m
en las orientadas este-oeste. Se les ha llamado también
"Constantes Vitales Terrestres", pues su armonía o
distorciones nos muestran el grado de equilibrio o de desequilibrio de
un lugar o sus alteraciones en un determinado momento. Por ejemplo, el
espesor de las líneas puede ir de 21 a 80 cm durante un eclipse solar o
hasta 120 cm durante un movimiento sísmico.
Tampoco hay que imaginarse la red Hartmann como una trama geométrica
que se proyecta en mallas regulares sobre la superficie del planeta. Su
trazado tiene multiples ondulaciones, contracciones, accidentes diversos
e incluso interrupciones puntuales. Con lo que se compara mejor es con
una red o una rejilla.
Esta trama delimita tres zonas de distinta irradiación:
Las "paredes" en longitud. Su intensidad es demasiado débil
para molestar al hombre. De todos modos, a veces la información radiestésica
pone de manifiesto una actividad nociva en su vertical, procedente de
una interferencia entre las asimetrías del subsuelo y de la red H
propiamente dicha.
Una zona neutra. Es la parte delimitada por las "paredes de la
cuadrícula". En su interior se encuentran más armonizadas las
constantes biológicas del individuo; se puede decir que es un área
particularmente benéfica, donde se pueden recuperar las energías
perdidas.
Los cruces Hartmann. Son las intersecciones de las líneas de fuerza de
la red, que forman cuadros de 21 cm de lado, donde la energía es más
intensa, se hace notoria y perjudicial.
Los geobiólogos actuales califican esos cruces Hartmann de "puntos
geopatógenos". Consideran que cuando influyen prolongadamente
sobre un organismo, ya sea vegetal, animal o humano, pueden favorecer la
aparición o evolución de enfermedades. Un cáncer o una depresión
nerviosa profunda no se generan sentándose un par de horas en un lugar
así; a veces deben pasar varios meses o años, para que se manifiesten
trastornos, enfermedades crónicas o afecciones agudas. Eso se produce
principalmente cuando el punto geopatógeno corresponde al emplazamiento
de una cama o de un puesto fijo, de un trabajo, por ejemplo. Añadamos
que los cruces Hartmann no son obligatoriamente generadores de
enfermedades o nocivos, sino que pueden serlo en determinadas
condiciones; específicamente cuando dichos cruces coinciden con venas
de agua subterráneas, fallas geológicas o algún otro tipo de
perturbación subterránea. En estos casos, es cuando los efectos son más
notorios y perjudiciales.
Dado que la red Hartmann es una cuadrícula que se extiende sobre la
superficie habitable en rectángulos de 2 x 2.5 metros, más o menos
regulares, es inevitable que en un dormitorio haya uno o más cruces H.
Es absolutamente imprescindible evitar que la cama se encuentre en la
vertical de uno de ellos. Desde hace unos veinte años, el Instituto
Suizo de Investigaciones de Geobiología de Chardonne, dirigido por
Blanche Merz, realiza estudios médicos sobre las nocividades
relacionadas con los cruces Hartmann y otras aberraciones telúricas.
Han encontrado que, en la mayor parte de los casos, basta con desplazar
la cama de los enfermos para constatar una mejora de su estado, iniciándose
un proceso de curación.
En un cruce de líneas Hartmann, sobre una zona geopatógena debida, por
ejemplo, al paso de dos corrientes de agua subterránea que se cruzan,
se observan alteraciones en la emisión de radiación gamma e
infrarroja. Estas radiaciones de alta frecuencia se vuelven muy
agresivas para el ser humano, cuando se dan también perturbaciones
metereológicas, produciendo grandes variaciones de las constantes
vitales del individuo, que se traducen en excitación e irritación contínua
de sus células nerviosas.
Una de las hipótesis de trabajo sobre la red H establece que estas líneas
de fuerza o energía transportan o disipan de alguna manera los excesos
energéticos terrestres, ya sean éstos de origen natural o artificial
(como el caso de los transformadores y líneas de alta tensión, etc.).
Las pruebas que apoyan esta hipótesis se encuentran en las mediciones
efectuadas en presencia de fuerte contaminación electromagnética
artificial. Se observa allí que la estructura de la red H se condensa,
apareciendo con separaciones de tan sólo 1.5 m e incluso menos.
La detección de la red Hartmann requiere de cierto entrenamiento, así
como un concepto claro de lo que se busca. Como ya se explicó, estas
redes tan solo son nocivas en la medida que se superponen a otras anomalías
telúricas mucho más fácilmente detectables. Los sistemas electrónicos
empleados en el laboratorio para su detección, como los georritmogramas,
medición de radiación, receptores de onda corta adaptados, etc., no
son de fácil aplicación y su uso, aparte de su complejidad, requiere
muchas horas de trabajo. Pero el propio doctor Hartmann ideó un
sencillo instrumento que recibe el nombre de varilla Hartmann o lóbulo
antena. Con su empleo adecuado, permite una detección clara y precisa
de la red en pocos minutos.
Como escribe el arquitecto y geobiólogo J-C. Favre, además de evitar
perturbaciones nocivas de la red H, se trata también de sacar el máximo
provecho de su energía al emprender una construcción:Ninguna
arquitectura tradicional desprecia la importancia del telurismo en una
práctica constructiva natural. La casa se asienta sobre un lugar
conciliando las cualidades energéticas y sensibles del suelo. La
vivienda tradicional, orientada según los puntos cardinales, no
perturba la red. Siguiendo ese ejemplo, se intentará situar el edificio
de acuerdo con las fuerzas vivas de la Tierra. Los efectos de la red H
no deben considerarse algo irremediable, pues una práctica arquitectónica
de calidad los tendrá en cuenta para sacar el máximo provecho.
De la obra "Arte de Proyectar en Arquitectura", de Ernst
Neufert, en la sección "Biología en la Construcción",
extraemos lo siguiente:
Según Palm (colaborador de Hartmann), la mencionada retícula global de
aproximadamente 2 x 2.5 m corresponde a una línea de semidistancias. La
verdadera retícula estaría formada, en tal caso, por una retícula
global con una distancia entre ejes de 4 a 5 m en dirección Norte-Sur y
de 5 a 6 m en dirección Este-Oeste, en línea recta alrededor de todo
nuestro planeta.
Cada 7ma franja de la retícula, denominada de 2do orden, produce un
efecto varias veces superior, o sea, con separaciones de 28 a 35 m y 35
a 42 m. Cada 7ma franja de 2do orden, es decir, con separaciones de 7 x
35 o 7 x 42, lo que significa aproximadamente 250 x 300 m de distancia,
se determina como zona de perturbación aún mayor = 3er orden. También
aquí los puntos de intersección (cruces) son considerados más graves.
Según la misma fuente, en Europa se observan variaciones de la citada
norma de hasta 15º en dirección Norte-Sur y Este-Oeste. Parece ser que
los americanos han detectado dichas franjas con retículas muy sensibles
tomadas desde una altura de varios miles de metros.
Además, se supone que también los diagonales formen su propia retícula
global en dirección Noreste- Suroeste y Noroeste-Sureste, igualmente en
períodos de siete, con efectos de aproximadamente el 25%...
... del mismo modo a lo que ocurre con las radiaciones, se produce
una refracción en el cambio de medio tierra-aire, es decir, en la
superficie terrestre, de resultante vertical. Otras de estas
refracciones tienen lugar al atravesar los forjados en edificios de
varias plantas, como fue comprobado por Endros en sus experimentos con
maquetas...
... Los perjuicios fundamentales que ocasionan tales zonas de perturbación
son de carácter desvitalizante, y van desde la astemia, trastornos cardíacos,
renales, vasculares, respiratorios, gástricos o metabólicos, hasta
dolencias crónicas graves como el cáncer...
... Parece que en locales de proporción áurea no existen
perturbaciones (relación: altura 3m, anchura 4m, longitud 5m). Las
casas de planta circular o hexagonal son favorables en este sentido.
A través de los años se han descubierto otras redes de energía sutil,
pero no se han detectado influencias notorias y no han sido investigadas
con detalle, salvo las líneas Curry. Estas líneas de energía
fueron llamadas así en honor a su descubridor, el Dr. Manfred Curry.
Esta red se despliega globalmente de manera similar a la red Hartmann,
pero diagonalmente con respecto a los puntos cardinales. La separación
entre las líneas Curry de orientación Noreste-Suroeste oscila cerca de
lo 8 metros; y entre las líneas Sureste-Noroeste es de 6 metros. El
grosor aproximado es de 40 cm.
Algunos especialistas sostienen la hipótesis de que esta red se forma
como consecuencia del efecto dínamo dipolar y toroidal, que se
establece por la rotación constante del planeta Tierra y la generación
de fuertes campos energéticos debidos a la fricción y resistencia
entre la corteza terrestre y el núcleo o magma del planeta.
En la práctica, la importancia de éstas líneas sobre la salud sólo
se detecta en la vertical de los cruces Curry y, sobre todo, cuando éstos
se encuentran superpuestos a alteraciones telúricas y/o cruces Hartmann.
Como nota de interés, los geobiólogos suizos y alemanes han demostrado
que la presencia de un automóvil detenido perturba gravemente a la red
H. Al formar una antena con su masa ferromagnética, un automóvil
potencia de la misma manera todas las vibraciones procedentes del
subsuelo. Por lo tanto, es aconsejable evitar la construcción de un
garage o lugar de estacionamiento sobre un cruce Hartmann potenciado por
la presencia de anomalías subterráneas como venas de agua, fallas o
alguna canalización importante en el subsuelo. Es preferible construir
el estacionamiento un poco alejado de la vivienda. Esta precaución es
aplicable a cualquier lugar donde existan masas metálicas
considerables, como el caso de los talleres. Habrá que evitar, de ser
posible, el instalar dormitorios, y mucho menos camas, en la vertical de
lugares como éstos.
(1) "Arte de Proyectar en Arquitectura" - Ernst Neufert - página
29 - Editorial Gustavo Gili, S.A. - Barcelona 1983.
Geomancia
y Feng-Shui
En la antigüedad, para detectar las corrientes de energía telúrica , se hacía uso de geomantes, personas sensibles a las
vibraciones y cambios en los patrones de energía sutiles, los cuales
también interpretaban la influencia de las corrientes energéticas
sobre la tierra por donde pasaban, marcando el curso del poder dragón
con alineamientos de montículos y grandes piedras, que luego se convertían
en el camino tradicional de los peregrinos que iban de un lugar sagrado
a otro.
La Geomancia es una antigua práctica que se ha dado en todas las
culturas tradicionales, en los cinco continentes, y que reúne aspectos
de ciencia y arte, en el estudio de las interacciones entre Hombre y
Tierra. Geomancia significa literalmente "adivinación por la
tierra". Según la definición que dieron los misioneros
victorianos en China, es el estudio que tiene que ver con la orientación
de los lugares y las relaciones de unos con otros, con factores topográficos
y astronómicos; un estudio que permite al hombre vivir en armonía con
la tierra mediante la comprensión de las influencias sutiles de cada
aspecto del paisaje y del lugar en sí.
Europa tiene una antigua tradición geomántica, que se pone de
manifiesto en las catedrales medievales (muchas de las cuales fueron
levantadas sobre antiguos lugares paganos de poder), piedras sagradas y
monumentos megalíticos (como Stonehenge). Todavía se puede ver el carácter
sagrado de las direcciones en alineación Este-Oeste de muchas iglesias
y en "líneas de fuerza" que conectan los monumentos de piedra.
(lineas Ley)
Los expertos en geomancia dicen que la fuerza y la actividad de las
corrientes telúricas reciben la influencia de la composición del suelo
sobre el que corren. Sobre terreno firme y plano se dice que la
corriente es plácida y regular; sobre terreno rocoso y accidentado se
convierte en violenta y desordenada, y reacciona con otros campos, como
el geomagnético, produciendo variedad de fenómenos. Cerca de fallas
geológicas o de volcanes, la corriente se vuelve particularmente
agitada.
El origen de la Geomancia es desconocido; sólo se sabe que su práctica
se remonta a la noche de los tiempos. En las distintas culturas o
tradiciones ha recibido nombres y enfoques diferentes. En algunos casos
se utiliza la Astrología como base, y es por esta razón que, en
Occidente, también se le conoce como Geoastrología. Se puede decir que
donde mejor se ha conservado, como sucedió con otros saberes, es en
Oriente. Las tradiciones geománticas orientales mejor conservadas, y
conocidas en Occidente, son la tibetana y la china.
La Geomancia tibetana es conocida como SACHÉ, que significa
"examinar el paisaje" (Sa significa tierra, terreno o paisaje;
Ché significa examinar). Esta tradición une conceptos de la tradición
china y de otras culturas del centro de Asia, a los suyos. Utiliza la
astrología tibetana (denominada Karché, que significa "examinar
las estrellas") como base, la cual es extremadamente compleja, ya
que se encuentra formada por cuatro sistemas astrológicos, siendo los más
conocidos la astrología china y la hindú.
Feng Shui...
Por su parte, la Geomancia china es conocida como FENG SHUI, que
significa literalmente "viento- agua", o sea las influencias
superiores que actúan sobre cualquier lugar. "Viento"
generaliza aquello que está en el cielo, aquello que está sobre la
persona y sobre la tierra, y que las afecta en su fluir como una
corriente. "Agua" generaliza todo aquello que está en la
tierra, y bajo la tierra, ríos, venas de agua subterránea y corrientes
de energía telúrica, que en su fluir, afectan a los hombres y a la
tierra misma.
El Feng Shui estudia el CHI o las energías sutiles de la naturaleza, a fin de favorecer el
equilibrio entre los seres humanos y la tierra, aprovechando las energías
positivas de ésta y neutralizando las negativas. Este equilibrio se
logra mediante un paisajismo, una arquitectura y diseño de interiores
apropiados. Es, según algunos autores, el arte de encontrar el lugar
adecuado para una casa, una sepultura o cualquier otra cosa. El Feng
Shui es llamado algunas veces Alquimia Espacial, debido a que
transformará al individuo, transformando el espacio en que habita. Esta
transformación puede ser en distintos planos: prosperidad material,
salud y armonía física, psíquica- mental y espiritual.
Debido a que Hombre y Tierra constituyen un único sistema, la salud de
uno cualquiera de los dos tiene repercuciones sobre el otro. Ambos
requieren una circulación equilibrada de energías positivas y
negativas, el Chi. La construcción de una casa en un lugar en el que la
corriente Chi sea débil, discuntínua o irregular, acarreará
desgracias y mala salud para los que en ella vivan. Y a la inversa, si
la gente vive de una forma malsana y anti natural, la propia tierra caerá
enferma y quedará contaminada.
Mientras que el 50% de los principios del Feng Shui son prácticas del
sentido común, como la prevención de accidentes, buena sinergía,
buena ventilación y la creación de atmósferas de bienvenida
adecuadas, el otro 50% se refiere a principios y prácticas para reducir
o limitar el fluido de la energía Chi. Espejos ubicados estratégicamente
u otras decoraciones específicas son introducidas para balancear las
energías. Todo esto es parte del arte sutil del Feng Shui.
Si una casa está ya construida, un practicante de Feng Shui o geomante
puede ayudar a modificar la "suerte" o la salud de los que
viven en ella, acentuando las influencias positivas y bloqueando las
negativas. Llegado el caso, el geomante también puede ser consultado en
calidad de médico, pues la enfermedad es consecuencia del entorno tanto
como pueda serlo de gérmenes, emociones o estilos de vida. Todos
percibimos esto de forma instintiva. Mirando en una dirección, nos
sentimos bien, mirando en otra (quizá el panorama desde una ventana
abierta o un oscuro y tenebroso rincón), nos sentimos mal. Hay muchos
casos en que el insomnio y la jaqueca se han curado mediante un cambio
en la orientación de la cama. El Talmud judío se hace eco del Feng-Shui
cuando dice: "Duerme con la cabeza al Norte". Los médicos
aconsejan en ocasiones un cambio de clima y de paisaje para curar la
bronquitis. Esto tiene implicaciones de orden superior que muchos no están
dispuestos a admitir todavía: los efectos del entorno son acumulativos
y puede suponer la diferencia entre el éxito y el fracaso, entre la
salud y la enfermedad.
Un geomante experto puede incluso ejercer influencia sobre la fortuna de
toda una comunidad. Las antiguas ciudades chinas (ch'eng, literalmente
"muro" o "muralla") estaban completamente rodeadas
de murallas que las preservaban tanto de los invasores como de las
influencias nocivas. Leones de piedra o dragones de arcilla colocados en
las puertas o en el punto culminante de los tejados servían a un propósito
similar. Se construyeron pagodas de gran altura en lugares geománticos
para perforar, como si de enormes agujas de acupuntura se tratara, los
puntos más sencibles del paisaje, asegurando de esta forma una mejor
salud para los habitantes de la ciudad.
El Feng Shui es más que simple folklore, más que un conjunto de
costumbres o simples intuiciones. Se puede decir que es una
"ciencia" ya que cuenta con sus principios, sus leyes y sus
propias matemáticas.
Para encontrar ubicaciones, posiciones y direcciones adecuadas, el Feng
Shui utiliza también sistemas astrológicos basados, principalmente, en
el I Ching. El I Ching o "Libro de las Mutaciones" es uno de
los libros clásicos chinos más antiguos, data de hace más de 3500 años
a.C.. Consiste en un tratado de adivinación, compuesto por 64
hexagramas lineales, una especie de código práctico de la unión entre
hombre y cielo. Esta obra recibió la más alta estima de Confucio y
ejerció una vital influencia en la tradición China.
En el Feng Shui es de vital importancia el flujo de la energía Chi o
"respiración cósmica", la cual anima al cosmos y toda la
vida que se desarrolla en él. Esta energía cuenta con dos polaridades,
una negativa o Yin que es oscura, pasiva, vacía, fría, un principio
femenino, y la otra positiva o Yang, la cual es luminosa, activa, llena,
cálida, un principio masculino. El balance entre estas dos polaridades
es expresado a través del proceso unificador del Tao. Precisamente, el
Feng Shui se preservó en su forma más pura en los templos taoístas de
China, donde constituía una de las tres principales ciencias taoístas:
Geomancia, Astrología y Medicina, las ciencias de la Tierra, el Cielo y
el Hombre, respectivamente. La razón más importante de la influencia
del Feng Shui sobre el Taoísmo fue que el ideal taoísta suponía
precisamente un armonizarse y fluir con las corrientes de la naturaleza.
Se han encontrado registros de prácticas Feng Shui que datan del siglo
cuarto Antes de Cristo, pero sus principios están basados en preceptos
que datan de tiempos más remotos, cientos de años atrás en los clásicos
chinos, particularmente de la obra sagrada Li Shu o "Libro de
Ritos", la cual establece los fundamentos de las creencias
religiosas chinas, concernientes también al orden, la armonía del
cielo y la tierra, y de las vías en las cuales la humanidad puede, lo más
posible, mantener intacto el balance de la naturaleza.
Dentro de las tradiciones, tanto tibetanas como chinas, existen diversas
escuelas de Geomancia, Saché o Feng Shui. En el siglo noveno d.C., dos
grandes académicos chinos, trabajando desde puntos de vista diferentes,
decidieron plasmar sus opiniones en papel. Fue así que en la provincia
de Kuangsi, al Suroeste de China, el sabio Yang Yun-sung compiló el
primer manual de Feng Shui, describiendo sistemáticamente las características
de los paisajes. Esta obra vino a ser el libro de texto en la llamada
"Escuela de la Forma", "Escuela de Kuangsi" o Hsing
Shih, cuyo enfoque es de tipo intuitivo, de difícil aplicación, pero
de conceptos bastante claros. Un siglo más tarde, académicos que vivían
en las llanuras del Sureste de China, en la provincia de Fukien,
desarrollaron su propia respuesta a los problemas del análisis Feng
Shui de lugares sin montañas. Compilaron una guía para otro sistema,
basado en el simbolismo de los puntos del compás o "Brújula Geomántica",
conocida como Lo P'an. Es así que se originó la "Escuela de las
Direcciones y Posiciones", también conocida como "Escuela de
la Brújula o Compás", "Escuela Fukien" o Fang Wei, cuyo
enfoque es de tipo analítico, aplicación fácil, pero de conceptos
complicados. Su principal representante fue el maestro Wang Chih.
A finales del siglo pasado ambas escuelas se encontraban mezcladas, haciéndose
difícil poder diferenciar las técnicas. En la actualidad los expertos
en Feng Shui combinan ambos sistemas, observando primero las
ondulaciones del terreno y de las áreas que le rodean, para luego
consultar el Lo P'an y anotar los alineamientos de las montañas y ríos
que rodean el área bajo estudio.
Entre todas las tradiciones y escuelas, ocupa un lugar importante la del
"Gorro Negro" del Budismo Tántrico Tibetano (1). La escuela
del "Gorro Negro" es una síntesis de prácticas chinas y
tibetanas, reuniendo además filosofía, misticismo y religión de la
India, Tibet y de la China, como el Taoísmo (yin- yang y energía chi),
confusionismo, I Ching, etc. Las enseñanzas de esta escuela resultan
ser las más útiles, actualizadas y compatibles con la ciencia y la
tecnología moderna, siendo las más difundidas en Occidente durante los
últimos años, gracias a maestros como Lin Yun.
Dirigiendo la mirada hacia las modernas áreas urbanas de Europa y América,
constatamos que la geomancia ha sido ignorada y olvidada. Hemos pagado
el precio de este olvido con nuestra salud y nuestra paz interior. Hemos
dejado atrás estas "artes", estas "ciencias", sin
intentar antes entenderlas ni integrar en nosotros su sabiduría. La
Revolución Industrial no fue una transición gradual, sino un salto
brusco a una nueva forma de vida.
El mundo ha sido remodelado de acuerdo con la voluntad del hombre, con
escasos miramientos hacia la naturaleza. Las ciudades fueron construidas
antaño según el principio cuaternario, cuatro secciones alrededor de
un "ombligo" central. Pero ahora las ciudades se diseñan para
facilitar los transportes con vistas al lucro y se extienden tanto
horizontalmente como verticalmente para acomodarse al antinatural número
de sus habitantes. Las montañas se dinamitan y asolan con excavadoras
para hacer túneles y autopistas, destruyendo las fronteras naturales y
extendiendo la cultura urbana hacia el campo. Los ríos se sacan de sus
cauces y la propia tierra se ve saqueada, privada de sus minerales y,
por lo tanto, de gran parte de su poder espiritual. Los tendidos eléctricos
convierten la totalidad del paisaje en una red energética unificada.
Las luces eléctricas perturban el ritmo del sueño y anulan la
sensibilidad de los individuos a su bio-electricidad y su "luz
interior".
Vale la pena estudiar más detalladamente estas antiguas ciencias geománticas,
en particular el Feng Shui, cuya popularidad ha ido creciendo en
occidente en los últimos años. El Feng-Shui, más que cualquier otra
tradición geomántica en el mundo, se conserva todavía relativamente
intacta.
La
Energía Telúrica
A través de registros históricos y de numerosos hallazgos arqueológicos,
se sabe que nuestros antepasados concedían extraordinaria importancia a
la determinación de ciertas energías, ligadas a determinados puntos de
la tierra. Como ya se mencionó, la ubicación de santuarios y templos,
el asentamiento de las ciudades, la orientación de los mismos, las
rutas de peregrinación, etc., tienen mucho que ver con la existencia y
consideración de esas energías. A esta energía se le ha denominado
genéricamente Energía Telúrica.
Los antiguos consideraban que la tierra era un ser vivo y, como
tal, tenía un sistema nervioso relacionado con su campo magnético, con
nodos de potencia semejante a los puntos de acupuntura en el cuerpo
humano. Estas líneas que corren de nodo a nodo, aparentemente estaban
implicadas con una fuerza que se simbolizaba con una serpiente o un dragón.
Los chinos llamaban a estas líneas, que corrían en forma invisible
sobre toda la superficie terrestre, líneas de corriente dragón o
" Venas del Dragón". Dividían esas líneas de corriente dragón
en dos clases, negativas y positivas, o yin y yang, que eran
representadas por un tigre blanco y un dragón azul, símbolos
semejantes al jaguar y a la serpiente emplumada, Quetzalcoalt, de los
Mayas y Aztecas.
El yang, o corriente masculina, se pensaba que corría a lo largo de
cadenas montañosas, colinas y terreno accidentado. Cerca de fallas geológicas
o de volcanes, esta corriente se vuelve particularmente agitada. El yin,
o corriente femenina, estaría en los terrenos planos, valles, ríos y
canales subterráneos. Estas fuerzas, YIN-YANG eran símbolos de las fuerzas cósmicas y telúricas, que al unirse se
convertían en creativas, tales como "los rayos del Sol preñando a
la Madre Tierra".
Los antiguos concibieron también que el poder dragón podía ser
curativo, vigorizante y dilatador de la conciencia. Un poder que, a
medida que pasaba en líneas rectas a través del campo, llevaba consigo
una estela de los poderes fertilizantes vitales.
En la actualidad se sabe que de la tierra emana una particular y sutil
energía; la constitución, procedencia e itinerarios de esta complejísima
radiación, denominada genéricamente como radiación telúrica,
son objeto de numerosas hipótesis. Algunos especialistas consideran que
está constituida, por una parte, de las energías cósmicas que refleja
y refracta el planeta, y por otra, de las energías emanadas del mismo,
entre ellas las electromagnéticas. Bajo la denominación de corrientes
de energía telúricas se agrupan fenómenos muy diversos que las
provocan y les sirven de cause, tales como venas de agua subterráneas,
fallas geológicas, capas freáticas y otras anomalías no siempre fáciles
de especificar.
La sobrexposición a las energías telúricas provoca un exceso
energético en el ser humano, el cual es liberado de muchas maneras.
Generalmente, la hiperactividad y el nerviosismo son las más
corrientes; por el contrario, las personas tranquilas, que no
exteriorizan o descargan su tensión, suelen verse afectadas por
dolencias internas más o menos graves, según la intensidad de la energía
que soportan.
Estas corrientes telúricas, que recorren el interior de la tierra, se
manifiestan en la superficie exterior como perturbadoras, irradiando
asimismo energía; es decir, las corrrientes telúricas producen
radiaciones telúricas. Pero no lo hacen según una red uniforme, como
el caso de las lineas Hartman o Curry
, sino por rutas que dependen de la estructura
interna de la corteza terrestre, de los materiales, estratos, accidentes
geológicos, etc., y focalizando sus efectos en puntos concretos de
ella. Los accidentes geológicos internos son, por ello, en muchos
casos, consecuencia de la acción de tales corrientes y, a la vez,
indicio de su paso.
Hay que tener presente también que estas radiaciones telúricas sufren
variaciones de intensidad con los fenómenos atmosféricos y en los
cambios estacionales, así como que ocasionalmente puede haber
variaciones significativas por la acción de movimientos sísmicos,
explosiones nucleares subterráneas, etc.
El arquitecto y geobiólogo Rémi Alexander resume así la actividad de
las corrientes telúricas:
Las corrientes telúricas se desplazan, tanto puede ser a unos metros
como a centenares de kilómetros de profundidad, a través de las
diversas capas geológicas que presenten menor resistencia eléctrica,
por donde encuentran un mejor conductor. A escasa profundidad, dichas
corrientes influyen localmente sobre el campo magnético terrestre
externo y, al parecer, influyen en el mantenimiento y desarrollo de los
procesos biológicos. Aunque sean de débil intensisdad, esas corrientes
telúricas siguen a veces los cursos de agua, los filones metalíferos,
o aprovechan los accidentes geológicos, como las fallas, para unirse a
su radiación y huir del suelo. Esas circunstancias, pueden perturbar el
equilibrio de los lugares que atraviesan, tanto si se trata de un hábitat
como sofisticadas instalaciones electrónicas...
Además de esos flujos de origen natural, la actividad humana puede
generar localmente fenómenos telúricos, como en el caso de una línea
de ferrocarril electrificada o de un transformador. Esas instalaciones
dan lugar a corrientes errantes y oscilatorias suceptibles de perturbar
el entorno inmediato.
Aunque las corrientes telúricas figuren entre las eventuales
nocividades de un terreno, no significa que esas manifestaciones sean
forzosamente negativas. Simplemente hay que tener en cuenta que en
determinadas circunstancias pueden resultar perturbadoras.
Líneas
Ley
En la década de los años veinte, el investigador Alfred Watkins, de la
sociedad de anticuarios de Hereford, descubrió, en una comarca inglesa,
unos caminos que unían en línea recta, menhires, círculos de piedra y
otras construcciones megalíticas.
Se han encontrado alineamientos de doce y hasta de cuarenta elementos,
que incluyen megalitos, iglesias medievales, castillos normandos, abadías,
pozos sagrados, depósitos de magnetita y otros puntos significativos,
como montículos de tierra en forma de cono truncado, etc., a veces
separados entre sí tan sólo por un kilómetro. En otras ocasiones se
forman verdaderas redes, con puntos destacados en las encrucijadas.
Algunas de estas rutas fueron cubiertas de piedra en tiempos del dominio
celta en Gran Bretaña, y tenían el derecho de asilo, junto con templos
y ciudades.
Watkins llegó a la conclusión de que cualquier línea que uniese más
de cinco puntos de renombrada antigüedad era significativa y
justificaba la existencia de un camino; los denominó líneas Ley. La
investigación actual (Watkins falleció en 1935), confirma gracias a la
computadora, que estas rutas no son fenómenos casuales; además se han
confirmado y descubierto en otros muchos lugares, prácticamente en
todos los continentes, su existencia.
En algunos casos era claro que no podían ser antiguos senderos porque
terminaban abruptamente en una colina, o pasaban por áreas
impracticables. En otros se comprobó que coincidían con determinadas
declinaciones astronómicas, lo que llevó al descubrimiento de que los
alineamientos de megalitos estaban realizados según consideraciones
astronómicas, e incluso que determinados sitios prehistóricos se
ordenaban como las constelaciones, representando cada emplazamiento un
determinado cuerpo celeste.
Otros investigadores, utilizando técnicas zahoríes han descubierto corrientes
de energia telúrica
que recorren los Leys. Siguiendo estas líneas y
rastreando las corrientes telúricas, se han llegado a descubrir sedes
prehistóricas que estaban ocultas.
La observación de migraciones de pájaros y otros animales a lo largo
de determinados Leys, es un hecho que apoya la existencia de fuerzas
subterráneas: en una época del año, los Leys se animaban con energía
vital que fertilizaba la tierra, dirigiéndose los campesinos a lugares
concretos de acumulación energética, donde celebraban las ferias
anuales.
Hoy se ha llegado a la conclusión de que a la red de los Leys se
superpone el trazado, menos sutil, de rutas primitivas, formando en
algunos casos una conjunción práctica de lo profano y lo sacro.
|