Situado a 150 millones de kilómetros de nosotros, el sol es una estrella de tamaño medio y como tal es capaz de emitir luz propia. Esta luz, y también el calor, es emitida como consecuencia de la energía liberada al fusionarse núcleos de hidrógeno y convertirse en helio, imagínate una gran central nuclear cuyo combustible es el hidrógeno y el resultado es el helio, perdiendo en el proceso 5 millones de toneladas de energía pura, lo que hace que el Sol sea cada vez más ligero. A pesar de esta pérdida de masa, el Sol continuará manteniendo la actual producción de energía durante 5.000 millones de años más. Todo ello en un entorno en el que la temperatura llega a 15 millones de grados centígrados en el núcleo ( 6.000 ºC en la superficie ) y debido a la elevadísima presión de la masa solar.

Con una edad aproximada de 4.500 millones de años, está compuesto prácticamente en su totalidad por hidrógeno ( 2/3 ) y helio (1/3). También aparecen en su composición el oxígeno, nitrógeno, carbono, neón, hierro, silicio, magnesio, azufre, calcio, cromo y níquel. Su diámetro de 1.400.000 kilómetros es más de 100 veces mayor que el de la Tierra y su masa es aproximadamente 332 veces mayor que la de la Tierra. Visto desde nuestro planeta, el Sol rota sobre su eje en algo más de 27 días. La actividad solar aumenta y disminuye aproximadamente cada 11 años. En la siguiente fotografía puedes observar el aspecto del Sol (en rayos x) en períodos de tranquilidad y en períodos activos.

Los científicos describen el sol como una serie de capas concéntricas en interacción permanente debido a la agitación producida por altísimas temperaturas y campos magnéticos de intensidad inmensa. El nucleo está sometido a una presión 200.000 millones de veces mayor a la ejercida por nuestra atmósfera sobre la superficie terrestre, en él estaría ubicada esa central nuclear que antes nos hemos imaginado. La energía liberada por el núcleo se propaga a través de la zona de radiación ,dónde la temperatura y la presión disminuyen, hacia la zona de convección, capa de gases más fríos y opacos, dónde es impulsada hacia arriba. Seguidamente tenemos la cromosfera, en este nivel de la atmósfera solar es dónde se producen las protuberancias, y sin duda es el nivel más espectacular. La fotosfera, delgada capa superficial de unos 100 kilómetros de espesor en la que aparecen las manchas solares, es el siguiente nivel. Aquí se emite casi toda la energía solar que llega a los planetas. Por último aparece la corona solar que es la atmósfera exterior del Sol. Los cambios en la corona solar son relacionados con el origen del viento solar que se define como una corriente de partículas cargadas eléctricamente que fluye desde el Sol y se expande por todo el sistema solar a una velocidad de casi 2.000.000 de kilómetros por hora. Las auroras que se pueden observar en la Tierra resultan de la interacción de estas partículas con nuestro aire.