|
|
Los telescopios: la Puerta a las Maravillas del Cosmos (o casi;))
-1ª parte: Características Ópticas
![]()
Si no puedes ver las imágenes, pulsa aquí
Desgraciadamente muchísima gente, cuando empieza a interesarse por la Astronomía observacional, lo primero que hace es comprarse un telescopio, en las que muchas veces su elección se basa casi exclusivamente en su estética, en el precio y/o en los centenares de aumentos que promete la propaganda sensacionalista del hipermercado (que curiosamente no suelen mentir aunque pronto descubrimos que tantos aumentos no sirven para nada, como podrás leer más abajo). Miles de esos telescopios acaban abandonados en algún armario (su calidad suele ser muy baja, no sabemos hacia donde enfocar ni cómo...) aunque a veces sí que sean utilizados para la observación diurna (dispones de más referencias visuales en la imagen respecto a la nocturna, que te permite orientarte mejor, además la pérdida de luz no importante tanto). Con el abandono de ese telescopio también se suele abandonar la afición, y es una lástima, porque se podría haber invertido ese dinero en unos buenos prismáticos, en buenos libros de astronomía, en mapas... y haber seguido ahorrando para comprarse un telescopio mejor.
Una vez tengamos la experiencia necesaria para poder encontrar los objetos en el cielo, cuando con la ayuda de un mapa del firmamento podamos encontrar galaxias, nebulosas, cúmulos de estrellas, planetas... algunos a simple vista, otros a través de los prismáticos, podemos plantearnos la idea de comprarnos un telescopio. Personalmente recomiendo esperarse a familiarizarse con el firmamento, tanto en la observación a simple vista como a través de los prismáticos, porque seremos nosotros quien nos encargaremos de dirigirlo hacia el firmamento: si no sabemos encontrar los objetos, no nos servirá para nada. Puede ser una buena idea la de familiarizarse con el cielo como mínimo durante un año entero, en el que podremos contemplar todas las constelaciones visibles desde nuestra localidad. Tendremos el suficiente tiempo para aprender a reconocer el cielo a simple vista y descubrir sus "tesoros" con unos prismáticos.
Bueno, la verdad es que miento cuando digo que es necesario saber reconocer las constelaciones, las estrellas, los planetas..., la tecnología ha avanzado tanto que es posible comprar telescopios que apunten hacia cualquier objeto del cielo en cuestión de segundos. Los últimos modelos incorporan GPS (son sistemas que permiten conocer dónde nos encontramos, y a qué altura, con una precisión increíble, gracias a las señales enviadas por satélites artificiales) y brújula electrónica, por lo que el telescopio "sabe" exactamente dónde nos localizamos, qué orientación tiene y cual es la hora exacta con una precisión de décimas de segundo. Con esos datos, y los que tiene memorizados, puede encontrar miles de objetos, la posición de los planetas, etcétera. No hace falta comentar que esos telescopios son significativamente más caros que los que no lleven estos complementos ( es algo equivalente a los complementos en los coches). Pero a la hora de comprarse un telescopio es más recomendable invertir en una buena calidad óptica y en una buena estabilidad en la montura que en estos complementos ya que nuestras posibilidades económicas suelen ser bastante limitadas ;).
Esos instrumentos pueden ser una buena opción para aquellos que quieran dedicarse a la astrofotografía, o que quieran aprovechar mejor la noche y quieran ver muchos objetos en muy poco tiempo, pero una vez se tenga experiencia en el reconocimiento del cielo. No creo que sean tan recomendables para aquel que empiece y no haya estudiado el cielo con unos prismáticos, porque es muy probable que le defraude lo que vea por el ocular: sus ojos no estarán adaptados a observar el cielo nocturno, y aunque el telescopio funcione bien y tenga centrada correctamente una galaxia muy lejana, no podrá llegar a verla, porque no sabe qué está viendo ni cómo deben verse, quizás ni sus ojos estén totalmente adaptados a la oscuridad. Me explico, aquél que se interesa por la astronomía observacional espera ver los objetos del cielo tal como muestran las fotografías de los libros que ha consultado, o las imágenes de la televisión o Internet, pero no sabe que no son más que eso, fotografías, hechas con equipos especiales y durante mucho tiempo. Las películas o los dispositivos electrónicos, como las CCD, van acumulando la información que les llega, pero nuestros ojos no actúan de esa forma, la información (luz) se procesa casi al instante, por lo que nunca llega a ver la suficiente luz para que podamos apreciar colores (visita la página sobre el ojo para entender como funciona nuestra visión), es decir, excepto en los planetas y estrellas más brillantes, el resto de objetos aparecerán grisáceos, débiles y muy difuminados.
La observación a través de unos prismáticos nos prepara para la observación a través del telescopio, nos hace tener aspiraciones más "realistas", además de la gran ventaja de aprender a reconocer el cielo y disfrutarlo. Excepto para algunos objetos, no esperes ver imágenes preciosas, sólo las encontrarás en los libros. Pero pese a que lo que observemos no sea espectacular, el encanto de la observación del Cosmos se encuentra en conocer qué estás viendo: a qué distancia se encuentra, ser consciente de que estás viéndolo tal como era en el pasado, como algunas galaxias, que las vemos tal como eran hace decenas de millones de años. Yo lo suelo comparar con un cuadro antiguo: si lo observamos fríamente no veremos más que una sucesión de trazos de pintura de distintos colores sobre un lienzo, algunos de esos trazos se superponen o se mezclan con otros, algunos son más largos, otros más cortos, pero realmente disfrutamos del cuadro cuando lo contemplamos en su globalidad, disfrutando de la imagen que en él se representa y, a poder ser, conociendo el contexto histórico en el que se pintó.
![]() Cuando nos interesamos por esta afición esperamos ver a través del telescopio imágenes como la que muestra el esquema, pero cuando miramos a través del telescopio observamos algo parecido a lo que se muestra en la parte derecha de la imagen (pon el brillo de tu monitor al máximo para poderlo ver). Hemos de valorar qué estamos viendo, porque esa pobre imagen defraudará a muchos.
Quizás por eso haya una parte importante de los aficionados a la astronomía que se dediquen casi exclusivamente a la contemplación de los planetas del Sistema Solar. Se trata de cuerpos mucho más agradecidos visualmente, que ofrecen muchísimos más detalles, presentan colores, lunas que orbitan alrededor de él, se puede apreciar su rotación... La diferencia entre lo que vemos en las fotografías y lo que vemos a través del telescopio no es tan grande, especialmente en el caso de nuestra Luna, la superficie del Sol (CON FILTRO), Júpiter, Saturno o Venus, en el resto de planetas la similitud es mucho menor.
Si el cielo ya no supone un reto importante para ti, puede que sea una buena idea comprarte un telescopio, espero que la información que incluyo a continuación pueda ayudarte. A la hora de comprarte un telescopio tienes que tener en cuenta muchos factores, entre otros:
*La Calidad de las ópticas, los espejos...:
Debemos aspirar a la máxima calidad que podamos, pero como todos sabemos: mayor calidad suele ser sinónimo de mayores precios. En ese caso tenemos que encontrar un instrumento que nos ofrezca la mayor calidad según nuestras limitaciones. También podemos plantearnos la idea de seguir ahorrando y continuar escrutando el Cosmos a simple vista o a través de unos prismáticos. Comprar un telescopio de segunda mano puede ser una buena opción siempre que puedas probarlo y recibas el asesoramiento de algún amigo aficionado con experiencia en la observación telescópica que sabrá asesorarte si merece la pena, o no, comprar ese telescopio. Elegir un buen telescopio supone poder sacarle partido durante más años.
Recuerda una cosa: La calidad global de nuestro telescopio la define la calidad de la peor pieza que tenga. Podemos tener un telescopio con unos espejos perfectamente pulidos y aluminizados, pero si las patas son muy endebles, y el telescopio se mueve con una ligera brisa, no nos servirá para nada. Por suerte podemos cambiar ese tubo a una montura más estable, pero eso supone un nuevo gasto.
Recuerda lo que dije en la sección de prismáticos, da más satisfacciones unos prismáticos baratos que un telescopio barato. Como en otras cosas de la vida: "lo barato sale caro".
*La Abertura o el Diámetro:
Lo que queremos conseguir con el telescopio es poder captar mucha más luz que la que puedan captar nuestros ojos a través de las pupilas. Cuanto mayor sea la abertura del telescopio, más luz podrá entrar y por tanto más débiles podrán ser los objetos que podamos ver. Un diámetro más grande también nos permitirá apreciar más detalles en la imagen, es lo que conocemos como resolución, y poder llegar a ver esos objetos más grandes que como los vemos a simple vista ya que podremos utilizar más aumentos.
Podemos imaginarnos esa captación de luz como la de atrapar la máxima cantidad de agua de lluvia: si utilizamos un vaso (nuestros ojos) podremos captar mucha menos agua (luz) que si utilizamos un barreño (prismáticos) o un depósito (telescopio).
Un telescopio de 60 mm de abertura captará 70 veces más luz que nuestros ojos, uno de 114 mm captará unas 260 veces más y un telescopio de 200 mm, unas 800 veces más, de ahí que cuanto más grande sea la abertura, más débiles serán los objetos que podemos llegar a contemplar.
![]() Quizás con este esquema puedas entender la gran importancia que implica la abertura en un instrumento óptico. En este esquema se ha simulado una parte del firmamento en tres esquemas: en el de la izquierda aparece el cielo tal como podríamos llegarlo a ver en una buena noche a simple vista, en el esquema central aparecen todas las estrellas que podríamos llegar a ver a través de unos prismáticos o un telescopio pequeño y en el esquema de la derecha aparecen todas las estrellas que podríamos llegar a ver a través de un telescopio mediano de aficionado.
*La Longitud del recorrido de la luz en el telescopio o Distancia Focal:
Tanto las lentes como los espejos tienen como función la de concentrar la luz. A la distancia a la que los rayos de luz se concentran en un punto, o foco, se le conoce como distancia focal y suele ser un dato que aparece en los tubos de los telescopios indicados en milímetros. Los oculares también presentan ese valor.
![]() Esquemas de un telescopio refractor y reflector en los que se ha representado la distancia focal de los dos así como la de sus oculares.
*Luminosidad:
Tal como hemos indicado antes, cuanta más abertura, más luz podrá entrar y más débiles podrán ser los objetos que podamos ver.
Utilizando esta fórmula podremos conocer la magnitud límite teórica de nuestro telescopio:
M=5logD+2
En la que hay que sustituir D por el diámetro del telescopio (en milímetros).
Recuerda que, de forma similar a unas carreras, la primera posición corresponde a objetos brillantes, y las posiciones con números más altos corresponden a objetos más débiles, pero aquellos objetos muchos más brillantes pueden presentar magnitudes negativas. Nuestro Sol presenta una magnitud de unos -26,9, la Luna Llena, unos -12,0, la estrella Vega, 0,0 y Plutón, fuera de alcance de la mayor parte de los telescopios amateurs, unos 13,9. A simple vista podemos observar objetos hasta aproximadamente la magnitud 6, para ver objetos más débiles necesitamos la ayuda de instrumentos ópticos, como los prismáticos o los telescopios.
*Resolución:
Una abertura mayor también nos ofrecerá más detalles en las imágenes, más cerca podrán estar los dos componentes de un sistema doble de estrellas para poder separarlos visualmente, más detalles podremos ver en las nubes de las atmósferas planetarias, más pequeños podrán ser los cráteres que podamos ver en la Luna...
Una forma de calcular la resolución de nuestro telescopio es utilizando esta fórmula:
R (en segundos de arco ")= 120/D
Siendo D el diámetro (en milímetros). La resolución nos indica cual es el tamaño angular del detalle más pequeño que podemos ver (en las imágenes, en vez de utilizar el metro o los grados como unidad de medida, utilizamos los grados angulares). También nos indica cual es la mínima distancia a la que podemos separar visualmente dos estrellas binarias, de magnitud o brillo similar. Cuanto menor es ese valor, más resolución tenemos ya que la distancia entre ambos objetos puede ser menor. En aquellos telescopios con peor resolución, esas estrellas dobles aparecerían como una única estrella en la que ambos componentes se verían fusionados en ese único cuerpo. En el caso de la Luna o los planetas los detalles quedarían más difuminados, sería como tener una imagen desenfocada.
![]() Este esquema intenta representar distintas resoluciones para un mismo objeto (una estrella binaria y un cráter lunar) y diversos telescopios con distintas aberturas, suponiendo que no hay turbulencia atmosférica.
*Relación Focal f/:
Consiste en el valor que se obtiene de dividir el valor de la distancia focal entre el diámetro del telescopio. Se le conoce como f o f/ y es una forma de poder comparar telescopios entre sí. Como verás más adelante, se aconsejan unas relaciones focales diferentes según el tipo de telescopio. Una relación focal elevada significa que podremos obtener muchos más aumentos que con uno que tenga menos, pero por contra, el campo de la imagen será mucho menor.
![]() Etiqueta sobre un telescopio en el que aparece el dato del diámetro (D) y la Distancia Focal (F). En este caso la Relación Focal sería 5 (f/5), que es el resultado de dividir 400 entre 80.
Según te decantes por la observación de los planetas, los objetos del cielo profundo o ambas cosas, la relación focal será diferente y será un valor que te ayude a elegir el telescopio.
En el caso de los refractores, la relación focal más recomendables se sitúan en valores próximos o iguales a 15 (al menos en el caso de refractores asequibles para los astrónomos, para refractores de calidad excepcional ese valor puede ser mucho menor), en el caso de los reflectores Newton ese valor es de unos f/6-8 y en el caso de los catadióptricos, aproximadamente f/10. En la segunda parte de este artículo explicaré en qué consiste cada uno de estos telescopios.
Los telescopios con una relación focal muy pequeña permiten realizar exposiciones fotográficas mucho más cortas, ya que ofrecen bajos aumentos, campos grandes y menores pérdidas de luz. A los telescopios de este tipo se les denomina "rápidos", por lo que he comentado antes. Existen telescopios expresamente diseñados para la fotografía astronómica, pero no recomendables para la observación visual, cuyas relaciones focales se encuentran entre f/2-4, aunque suelen ser muy difíciles de construir y, por tanto, caros.
Uno de los mitos más comunes es el pensar que un telescopio con una relación focal más corta será mucho más luminoso que otro telescopio, con el mismo diámetro, pero con una relación focal más larga. Eso es así si utilizamos el mismo ocular en ambos ya que nos dará diferentes aumentos, en el que tiene una relación focal menor nos proporcionará muchos menos aumentos y la imagen nos parecerá mucho más brillante que con el otro, pero si en ambos utilizamos los mismos aumentos veremos una imagen igualmente iluminada ya que en ambos telescopios entra la misma cantidad de luz y se ve repartida de la misma forma.
*Campo de Visión:
Es el número de grados que tiene la imagen que estamos observando. En según que telescopios, con el mismo ocular, la imagen casi que engloba todo nuestro campo de visión (f/ pequeñas) y en otros está enmarcada en un círculo diminuto (f/ grandes). Comprobarás que a bajos aumentos el campo es más grande que con mayores aumentos. El valor del campo de nuestro telescopio, para cada ocular, podemos medirlo utilizando un método muy sencillo:
- Hemos de enfocar nuestro telescopio hacia alguna estrella que esté situada lo más cerca del ecuador celeste que podamos (sírvete de un mapa del cielo para encontrar una buena candidata, como por ejemplo las estrellas del cinturón de Orión).
- Nos fijamos en qué dirección se mueve esa estrella a través del campo del telescopio procurando que pase por el centro del campo del ocular. Dejamos la estrella en un borde y cronometramos el tiempo que tarda en atravesar de un borde al otro pasando por el centro de la imagen.
- Ese valor, en segundos, lo multiplicamos por 15 y ya tenemos el campo de nuestro telescopio para ese ocular en segundos de arco, si divides ese valor entre 60, sabrás los minutos de arco que abarca ese ocular, y si lo vuelves a dividir entre 60, sabrás los grados de arco que abarca. Piensa que el diámetro de la Luna equivale a unos 30 minutos de arco, o medio grado, aproximadamente.
Generalmente en los oculares suele marcarse el campo de ese ocular. Para averiguar cual es el campo de visión que percibimos a través de él sólo hemos de dividir el valor que pone en el ocular entre el número de aumentos que nos proporciona a través de ese telescopio. Por ejemplo, si en el ocular nos indica que tiene un campo de visión de 50º y nos ofrece 100x con un determinado telescopio tenemos que:
C=Coc./A = 50º/100=0,5º
C=campo de visión
Coc=campo de visión (marcado en el ocular)
A=aumentos
En este caso nos ofrecería unos 0,5º, el equivalente al diámetro visual de la Luna.
![]() Esquema del campo que se abarca a través de un telescopio con dos oculares que ofrecen exactamente el mismo aumento (por tanto tienen la misma distancia focal) pero diferente campo de visión.
*Aumentos:
Su valor suele ser el principal gancho publicitario en las propagandas. La gente tiene la idea de que cuanto más aumentos ofrezca un telescopio, mucho mejor. Y eso no es del todo cierto. Como su nombre indica, más aumentos significa poder ver más grandes los objetos y, por tanto, más detalles, pero también aumenta el efecto de la turbulencia y las vibraciones en la imagen (utilizando muchos aumentos un leve roce sobre el tubo del telescopio hará que la imagen se mueva como si se tratase de un terremoto), además acentuará una mala calidad en las ópticas y el enfoque tendrá que ser mucho más preciso respecto a unos bajos aumentos.
Más aumentos también implica menos luminosidad en la imagen, porque la luz tiene que repartirse sobre una superficie mucho más grande, y lo que apreciamos a través del ocular sólo es una pequeña parte de la imagen original. Por eso, si queremos ver objetos a muchos aumentos tendremos que decantarnos por telescopios de más abertura, para que de esa forma pueda compensarse el debilitamiento de la luminosidad en la imagen.
Pronto descubrimos que preferimos observar el firmamento con aumentos bajos y cuando queremos ver algo más aumentado, cambiamos de ocular. Es algo similar a pasearnos por una exposición de pintura: generalmente no nos desplazamos a un palmo de la pared, solemos contemplar los cuadros alejados de ellos, apreciándolos en su totalidad. Si queremos fijarnos en el tratamiento de las pinceladas, el uso de los colores, los detalles en los pliegues de los vestidos, nos aproximamos al cuadro. A veces nos conformamos simplemente apreciándolos de lejos, otros son tan grandes que es la única forma de contemplarlos (por ejemplo, algunos cúmulos abiertos).
![]() Simulación del aspecto de la Luna a través de diferentes aumentos. En la primera imagen aparece a los mínimos aumentos, en ella la Luna aparece con una definición muy grande, pero no pueden verse muchos detalles. En la segunda imagen aparece la superficie lunar con aumentos medios, pueden verse muchos más detalles, pero el efecto de la turbulencia se hace más evidente. En la tercera imagen aparece la Luna vista a través de un ocular que ofrece muchos más aumentos que los máximos que admite la abertura del telescopio. No puede llegarse a enfocar la imagen y el efecto de la turbulencia, las vibraciones, las deficiencias en la calidad de las ópticas, etc. se ve amplificado por encima de las posibilidades de nuestro telescopio. Esta sería la imagen que veríamos con un "telescopio de supermercado" con los máximos aumentos que prometen, aunque la verdad es que la imagen es demasiado buena, generalmente lo que veríamos sería muchísimo peor ;)
Lo que nos define los aumentos que nos ofrece un telescopio es el ocular que acoplamos a él. Podemos calcular el valor de los aumentos utilizando esta fórmula:
A=DF (telescopio)/ df (ocular)
Como puedes ver, no tenemos más que dividir el valor de la distancia focal del telescopio entre la distancia focal del ocular. Por tanto, aquellos oculares que dispongan de una menor distancia focal serán aquellos que ofrezcan mayores aumentos, y viceversa. También aquellos telescopios que dispongan de una distancia focal más larga serán aquellos que podrán ofrecernos más aumentos, un aspecto importante en el caso de la observación planetaria.
Como he indicado más arriba, un telescopio permite captar muchísima más luz que la que puede captar nuestros ojos, pero esa luz se ha de repartir sobre una superficie muchísimo mayor que la que presenta ese objeto a simple vista. Por ejemplo, imaginémonos que estamos viendo la Luna a través de un refractor de 60 mm de abertura, teóricamente tendría que aparecer 70 veces más luminosa que a simple vista, pero también tenemos que tener en cuenta que esa luz ha de repartirse sobre un área muchísimo mayor que la que tiene a simple vista. Eso se traduce en una pérdida de luz cada vez mayor a medida que aumentan los aumentos (valga la redundancia).
Imaginémonos que disponemos de un telescopio cuya distancia focal sea de 1.000 mm (aproximadamente un metro de longitud de tubo), si ponemos en el portaocular un ocular de 4 mm de distancia focal obtendríamos; 1.000/4=250 aumentos (ó 250x). Ya está, ponemos oculares con distancias focales muy cortas y obtendremos muchos aumentos, pero no todo es tan sencillo, acuérdate de lo que dije antes: llega un punto en el que veremos una imagen tan débil y borrosa que no nos servirá. Una forma sencilla de averiguar, aproximadamente, los máximos aumentos que podremos utilizar con nuestro telescopio es multiplicar el diámetro de la lente o el espejo (abertura), en milímetros, por dos:
A. máximos= Abertura telescopio ( mm)*2
Pongamos por caso el telescopio del ejemplo anterior, es decir, de 60 milímetros de abertura, por tanto, los máximos aumentos que podemos utilizar serían: 60*2=120x: todos aquellos aumentos que superen ese valor no nos servirán para nada. Atención, esos aumentos máximos corresponden a un cielo ideal, sin turbulencias, y un telescopio de calidad óptica ideal, es decir, es un valor teórico. La realidad siempre es más restrictiva y nos aconseja utilizar aún menos aumentos.
Como puedes comprobar, las propagandas de los supermercados no mienten, puedes conseguir 500, 600 ó 700 aumentos con ese telescopio, simplemente situando los oculares con distancias focales más cortas, o añadiendo una lente de Barlow, que agranda "artificialmente" la distancia focal del telescopio, pero no verás absolutamente nada, ahí está la trampa. Ahora que sabes cómo calcular los aumentos máximos que puedes utilizar en un telescopio, podrás valorar si los oculares que incluyen muchos de esos telescopios de hipermercado servirían de algo o te ofrecerán aumentos excesivos y no aprovechables.
Antes he dicho que generalmente se suelen utilizar aumentos bajos para la observación del cielo, pero ese valor también tiene un límite. Cuantos menos aumentos utilizamos, más grande es el cono de luz que surge del ocular, hasta que llega un punto que parte de esa luz no entra dentro de nuestros ojos e ilumina nuestras retinas: es luz que no aprovechamos. Como indiqué en la sección del ojo, nuestras pupilas se dilatan o aumentan de tamaño en la oscuridad, por tanto, el tamaño máximo que podrá tener ese cono de luz que sale del ocular tendrá que ser el diámetro máximo de nuestras pupilas. Ese valor varía con la edad, cuando somos jóvenes pueden tomar un valor de 7 milímetros, pero a medida que vamos creciendo ese valor disminuye hasta los 5 milímetros. Pongamos por caso que tomamos como valor máximo esos 7 milímetros, para calcular los aumentos mínimos utilizamos esta fórmula:
A. mínimos=abertura ( mm)/7
En el caso anterior, en el que tenemos un telescopio de 60 mm, y una distancia focal de 1.000 mm, los aumentos mínimos serían: 60/7=8,57x, casi 9 aumentos, por tanto, la distancia focal más grande del ocular (menos aumentos) que podemos utilizar sería:
df (ocular)=DF (telescopio)/aumentos=1.000/9=111 milímetros.
No se venden oculares con una distancia focal tan larga, como mucho podríamos encontrar alguno de 35 ó 40 milímetros (que en este caso nos ofrecerían unos 29x ó 25x), pero no suelen utilizarse mucho. Tan pocos aumentos sería como mirar los cuadros de la exposición desde la calle a través de las ventanas del museo.
Los aumentos equivalen a las veces que vemos más grandes los astros, aunque también podemos imaginarlo como las veces que vemos a los astros más cerca, es decir, si miramos la Luna a 100x sería equivalente a decir que la estamos viendo como si nos encontrásemos a sólo 1/100 parte de la distancia que nos separa de ella, que es como si la estuviésemos observando a simple vista a unos 3.850 km sobre su superficie. Cuando observamos, con esos mismos aumentos, a la Galaxia de Andrómeda, podemos pensar que es como la veríamos a simple vista si estuviésemos a unos 23.000 años-luz de distancia de ella.
Fíjate en una cosa, no he situado a los aumentos en el primer lugar dentro de las características ópticas de los telescopios, sencillamente porque no es una de las características más importantes de un telescopio. El objetivo principal de un telescopio es:
-Permitirnos contemplar objetos que a simple vista no podemos observar.
-Que en ellos se vean los máximos detalles posibles.
-Que se vean más grandes.
En el próximo artículo trataré sobre los tipos de telescopios. Hasta pronto.
Página creada por Antonio Hernández en octubre de 2002.
|