Se trata de un instrumento indispensable para la observación del cielo, y al mismo tiempo un buen aliado en nuestra tarea de reconocer el movimiento de los astros. Básicamente, el planisferio no es más que un sencilla representación en el plano del cielo visible desde una determinada latitud.
Para construirlo, necesitarás recortar y ensamblar las dos partes que lo componen: la fija, o lámina universal, y la móvil (deberás imprimir esta última como transparencia). Es conveniente pegar la parte fija sobre una superficie rígida, y luego colocar la parte móvil sobre la fija, situándolas como circunferencias concéntricas (para ello, debes hacer coincidir la parte central de la circunferencia transparente con la representación de la estrella Polar). Para permitir el giro de una sobre otra, puedes utilizar un encuadernador como unión.
La elipse de la parte transparente delimita el horizonte, en el que aparecen marcados los cuatro puntos cardinales. La línea recta que va de norte a sur representa el meridiano local, y la curva que une este y oeste, el llamado primer vertical. Ambas líneas se cortan en un punto llamado cénit, que representa el lugar del cielo situado justo encima de la cabeza del observador.
Para utilizar correctamente el planisferio, haremos coincidir la fecha del día (representada en la parte más externa de la lámina fija universal) con la hora de la observación, para lo cual giraremos la parte transparente hasta que la hora marcada sobre ella (siempre en Tiempo Universal) se coloque en la fecha correspondiente. En ese momento, el cielo visible coincidirá con el que podemos observar en la ventana del planisferio.
Lo usual es colocar el planisferio, con los brazos extendidos, sobre nuestra cabeza, orientando su norte hacia ese punto cardinal, y comenzar a partir de ahí el reconocimiento de las constelaciones visibles.