(traducido del libro "Guía da Galiza máxica" de Vitor Vaqueiro)
Tal vez sea la noche de San Juan la más destacada de las noches del País, noche cargada de mágicos contenidos. El 23 de junio se encienden en toda nuestra tierra un elevado número de hogueras. A su alrededor se come, se baila y se llevan a cabo diferentes ritos relacionados con el fuego, al que se considera elemento purificador y fuente de salud. El fuego de las hogueras se emplea para exorcizar todo tipo de males. A los niños enfermos se les pasa desnudos por encima del fuego, tres veces. También, después de apagar las hogueras, se pasaba el ganado sobre las cenizas para que no enfermase durante el año. Se usa el fuego para curar pequeñas heridas o dolencias de la piel, e incluso como una especie de oráculo, ya que se afirma que las mozas que salten sin tocar el fuego, se casarán en el año siguiente. Suele recitarse durante el salto la frase "salto por riba do lume de San Xoán, pra que non me trabe nin cobra nin can"
En esta noche, en las zonas rurales, se celebran, o se celebraban, distintos actos que suponían un cambio en las cosas: los mozos cambian de lugar distintos objetos, como carros, aperos de labranza o los recipientes en los que las muchachas expusieron al rocío las hierbas que recogieron para lavar la cara. Como señal del protagonismo del agua en esta noche está la recogida de hierbas y plantas, entre las que destacan las hojas de roble, castaño, hierba de Nuestra Señora, nogal, romero y saúco. Esas plantas se dejan toda la noche en una tina con agua, en el exterior de la casa, sobre todo en el tejado, recibiendo el rocío, para que las personas se laven con ella al día siguiente, porque se considera que esas aguas poseen propiedades milagrosas. En otras zonas del país, estas hierbas se dejan al sol hasta que están bien secas. Luego se atan con un hilo grueso y se guardan en un saquito, para poderlas utilizar en diferentes dolencias, como sarpullidos en la cara o en los genitales de hombres y mujeres, para lo cual se hierve un poco de agua con dichas hierbas, bañando o recibiendo los vapores en las zonas afectadas. En esa noche -a veces a las doce en punto- suelen, o solían, ser habituales los baños de nueve olas, en diferentes lugares de nuestra costa, destinados a gozar de salud o a tener descendencia. El rocío de la noche de San Juan es también eficaz para el ganado, al que libra de diferentes dolencias, o para proteger la ropa de la carcoma.
En la mañana del día de San Juan, van los que padecen sarna a los campos situados junto a la ermita de A Lanzada, en Sanxenxo y, revolcándose desnudos por el suelo, consiguen que desaparezca la enfermedad. Es práctica, igualmente, que en la noche de San Juan, algunas personas dejen sus ropas en un roble cercano, tirándolas después al río Miño, con lo que se consigue evitar muchas enfermedades. También, quien después de las doce de la noche beba agua de nueve fuentes, sin tener miedo a encantos de moros que se le aparezcan, sanará del bocio.
Igualmente, este día es apropiado para adivinar el futuro: ciertos santos, entre los que destaca San Andrés de Teixido, son específicos para ayudar a conseguir novio. Si se deja dentro de una taza de agua una yema de huevo, se puede adivinar el porvenir, analizando la forma que la yema adquirió en el transcurso de la noche: si la yema toma forma rectangular, se interpreta como la abstracción de un féretro, implicando una muerte próxima en la familia. También este día, la mujer soltera que llega a tocar las ligas de casada tiene garantizado el matrimonio en el siguiente año. Dice la tradición que, en el amanecer de este día, el sol baila en el cielo, y a su compás bailan todas las brujas del mundo. En la Fuente del Espino, en Luaña-Brión, así como en muchos otros lugares del País, sale a la superficie una gallina de oro, con sus polluelos, también de oro.
En la noche de San Juan , como en la de San Silvestre (el último día del año), las brujas acostumbran a reunirse con el demonio, y a introducir maleficios en el cuerpo de las personas.
Con frecuencia, se cree que el meigallo entra en la gente cuando las brujas
inoculan la leche en la noche de San Juan, lavando en ella sus partes pudendas.
Para evitarlo, esa noche deben cerrarse puertas y ventanas, chimeneas y ojos de
cerraduras, cerrando las rendijas con flores y cardos. La leche se esconde en
una artesa, junto a un pan en el que se ha grabado una cruz, al mismo tiempo que
a la leche se le añaden unos granos de sal. Un conjuro contra las brujas que se recita en esta noche es el que sigue:
Día de San Xoan alegre/ meniña vaite lavar,/ pillarás auga do paxaro/ antes de que o sol raiar,/irás o abrente do día/ a auga fresca catar,/ da auga do paxariño/ que saúde che a de dar./ Corre meniña,/ vaite lavar,/e a fresca auga/ desta amañecida/ cor de cereixa/ che ten que dar;/se arraiar,/ se arraiará/ todas as meigas levará,/xa arraiou, xa arraiou,/ todas as meigas levou./ Peladas eran/ peladas serán/ todas as meigas/ que andan polo chan./ Peladas son,/ peladas eran/todas as meigas/ que andan pola terra.
También esta fecha es momento apropiado para constatar la aparición de las moras, que acostumbran a surgir a la orilla de los manantiales, de ríos o de castros, lugares en los que se peinan con peines de oro. En Merza-Vila de Cruces, creen que en el monte Sampaio, poco antes del amanecer del día de San Juan, pueden verse unos bueyes que aran, y que la reja del arado es toda ella de oro.