Galileo Galilei

Galileo nació en Pisa, en el año 1564. A lo largo de su vida, no creyó en nada que no pudiera ser comprobado experimentalmente, cambiando con ello para siempre el carácter de la ciencia, que hasta entonces había estado gobernada por los dogmas. Dedicado a la enseñanza en las universidades de Pisa y Padua, se interesó vivamente por las ideas de Copérnico, y quiso demostrar experimentalmente su validez.

Comenzó a dedicarse de lleno a la Astronomía cerca ya de la edad de 50 años, enterándose por entonces de la existencia de un aparato fabricado en Flandes, el anteojo, que permitía ver de cerca los objetos lejanos. Perfeccionó el instrumento en su propio taller, consiguiendo imágenes nítidas de objetos ampliados hasta 30 veces. Y desde el jardín de su casa de Padua, comenzó a observar los cielos, apuntando su anteojo a estrellas y planetas. Con él descubrió los cuatro satélites principales de Júpiter (que todavía conocemos hoy en día como satélites galileanos), las montañas de la Luna, nebulosas, cúmulos de estrellas, manchas solares (mirar al Sol sin la necesaria protección terminó por producirle una ceguera progresiva)...derrumbando con todo ello los últimos vestigios de las teorías aristotélicas. Pero el poder político y la iglesia permanecían fieles a esas antiguas teorías, y no estaban dispuestos a abandonarlas.

Galileo, incitado por sus oponentes, cometió el error de participar en el debate teológico sobre interpretación de las Sagradas Escrituras, tema en el que la Iglesia era particularmente inflexible, tras los problemas surgidos a partir de la crisis del protestantismo. En 1616, el Santo Oficio promulgó un decreto prohibiendo la enseñanza de las tesis de Copérnico. En 1623 es nombrado papa Urbano VIII, amigo personal de Galileo, y unos años después, éste publica su gran obra: "Diálogo sobre los dos grandes sistemas del mundo", con la que consigue enfurecerlo, pues el papa se sintió caricaturizado en uno de los personajes de la misma. El libro fue confiscado, y Galileo tuvo que presentarse ante el tribunal de la Inquisición, en Roma, el 12 de abril de 1633, en un proceso que continuó hasta julio del mismo año. A sus 70 años, Galileo consiguió una benévola sentencia: abjuraría de sus ideas y sería condenado a prisión domiciliaria por tiempo indefinido. Y Galileo reconoció sus "errores" en un dramático documento... Tras el proceso, murió su hija Virginia y él terminó por quedarse completamente ciego. Todavía escribió "Discursos y demostraciones sobre dos nuevas ciencias relacionadas con la Mecánica y los movimientos locales". Murió a los 78 años, atormentado por no haber tenido la valentía de lanzar a la cara de sus jueces las palabras que ocupaban su mente: ¡Y, SIN EMBARGO, SE MUEVE!. La Iglesia no rehabilitó a Galileo hasta el año 1983, cuando el papa Juan Pablo II solicitó la revisión de su expediente.

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Historia de la Astronomía.