Gran parte del cielo que cubre ahora mismo nuestra medianoche es conocida como "el mar", pues muchas de las constelaciones allí presentes se relacionan con el agua: Pisces (los Peces), Cetus (la Ballena), Delphinus (el Delfín), etc. Otro grupo de constelaciones protagoniza el mito griego de Andrómeda, y nos recuerda una de las leyendas más hermosas de las muchas que han quedado inmortalizadas en el cielo: La joven doncella Andrómeda, hija de los reyes Cefeo y Casiopea, provocó con su belleza la ira de las Nereidas, ninfas del mar. Tras oir las quejas de éstas, Posidón, dios del mar, envió a asolar las costas de los cefenos a un monstruo marino (Cetus). Consultado un oráculo, hubo que admitir que el único remedio para calmar la ira del dios era encadenar a Andrómeda a una roca, sacrificándola al monstruo del mar. Cuando Andrómeda iba a ser devorada, fue liberada por el héroe Perseo, quien montado en su caballo alado Pegaso mató a la ballena, se enamoró de la doncella y se casó con ella.