EN MEDIO DE LA TIERRA (LEYENDA APACHE)

En el principio de los tiempos, la tierra estaba cubierta de agua; todos los seres vivos poseían el don de la palabra y vivían debajo de la tierra, en completa oscuridad, alumbrándose con antorchas hechas con plumas de águila. Algunos animales vivían felices con esa oscuridad, pero otros deseaban la luz. Tras largas discusiones, decidieron jugarse la posibilidad de conseguir el triunfo de la luz o la oscuridad.

La urraca y las codornices, que amaban la luz, fueron capaces de ver un botón a través del hueco de un palo, y al ganar la primera ronda consiguieron que saliera la estrella de la mañana. El oso negro, que amaba la oscuridad, corrió a esconderse, pero fue descubierto por los hombres, que amaban la luz. La estrella de la mañana creció por el este, y el oso marrón, que corrió y se ocultó en un lugar oscuro, también fue descubierto. La estrella aumentó de brillo, y el león de la montaña también apareció en su escondite.

El sol salió por el este y se hizo de día. Los hombres, que aún estaban bajo tierra, descubrieron el nuevo mundo a través de un agujero, y quisieron alcanzarlo. Para ello hicieron cuatro montículos, en los que plantaron frutas de diversos colores. Los montículos crecieron hasta convertirse en montañas, pero un día dos niñas subieron a buscar flores y frutas, y las montañas dejaron de crecer. Los hombres, extrañados, enviaron a Tornado a descubrir el motivo.

Tornado viajó y buscó por todos los rincones, hasta que encontró a las niñas y las llevó de nuevo con los suyos, pero las montañas no volvieron a crecer (por eso los muchachos dejan de crecer cuando van por primera vez con una mujer; si no lo hicieran nunca, siempre seguirían creciendo)

Las montañas dejaron de crecer cuando todavía no habían alcanzado el mundo superior, y los hombres intentaron llegar a él a través de escaleras de plumas, pero éstas no conseguían soportar su peso. Por fin consiguieron subir a la superficie de la tierra, ascendiendo a través de los cuernos de una cadena de búfalos, aunque el peso de los hombres dobló para siempre el cuerno de estos animales. Una vez arriba, la gente sujetó al sol y a la luna con la tela de una araña, obligándolos a quedarse en el cielo para que dieran luz.

Al principio, cuando el agua cubrió la tierra, cuatro tormentas se llevaron las aguas lejos. La tormenta negra sopló hacia el este, la azul hacia el sur, la amarilla hacia el oeste y la de varios colores hacia el norte, formando cuatro océanos en esas direcciones. La gente seguía agrupada alrededor del hoyo, y el primero en salir fue el turón. Sus patas se hundieron en el lodo negro, quedándose para siempre de ese color. El tejón, que salió a buscarlo, también se hundió en el lodo, por lo que también se le pusieron negras las patas. Salió el castor nadando sobre el agua, y se puso a construir un dique para conservar el agua que aún quedaba en los pozos. Los hombres esperaron y enviaron a la corneja gris, que encontró la tierra seca y cubierta de animales muertos. Los hombres se enojaron cuando descubrieron a la corneja comiendo la carroña, y cambiaron su color por el negro para castigarla.

Como la tierra ya estaba seca, a excepción de los cuatro océanos y el lago central donde el castor consiguiera embalsar el agua, los hombres ascendieron a su su superficie. Viajaron a los cuatro puntos cardinales, y cada tribu se asentó donde quiso, pero los Jicarillas continuaron alrededor del hoyo por el que habían trepado, ya que querían asentarse en el centro de la Tierra.

(Este relato está basado en el libro "Alrededor del Gran Fuego", de Marcus Sheridan)

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