Altea, una de las escasas poblaciones del
litoral alicantino que aún no se ha visto sometida al destajo de la
especulación inmobiliaria, puede convertirse en la nueva Marbella del
Mediterráneo:
El Ayuntamiento del PP y sus amigos del cemento quieren
hacer 6.000 viviendas en las márgenes de un río, ampliar dos puertos, y
urbanizar la montaña, por supuesto con campos de golf.
Los ecologistas ya
han dado la alarma.