La urbanización del río Algar en Altea y el crecimiento turístico en el Mediterráneo.¿Desarrollo sostenible o sostenido?
“El Ecologista” nº 29. Enero 2002 Pepa Gisbert Aguilar, bióloga - Associació l'Algar net i viu. Altea Con la “globalización” y asimilación por el sistema de los términos “verdes” aparece en algunas localidades del mediterráneo una nueva falacia: la apuesta falsa y retórica por un desarrollo turístico sostenible que la mayor parte de las corporaciones municipales dicen defender. Es necesario desenmascarar esta pantomima y analizar con criterio riguroso las diferentes realidades. En la costa mediterránea se urbanizó de manera desmedida en los años 60 y posteriores y en la última década vivimos un recrudecimiento de esta situación, solo que ahora este desarrollo viene disfrazado de sostenibilidad; concepto que se manipula y malgasta, ya que se ignora intencionadamente que desde esta perspectiva “sería necesario una estabilización a la baja del turismo de masas para evitar que el impacto sobre el ecosistema mediterráneo sea irreversible” (BUADES, J. 1996). Las personas que vivimos en la costa sabemos lo que significa seguir con este crecimiento desmesurado: un paisaje cada vez más degradado y con grandes problemas ambientales y una sociedad desestructurada donde la convivencia entre los residentes extranjeros procedentes de países del norte, los inmigrantes generalmente procedentes del este y del sur, la población llegada de otras ciudades para trabajar en el sector servicios y la población local resulta forzada y donde los problemas sociales aumentan siempre en perjuicio de los más desfavorecidos… Las poblaciones del litoral pierden sus raíces y aceptan gustosas la presencia de inversores sin escrúpulos propios o extranjeros, pero marginan a los trabajadores inmigrantes que llegan, se fomenta la precariedad laboral y se olvida la cultura y el saber que ha permitido convivir de manera armoniosa con el frágil ecosistema mediterráneo que le ha dado su riqueza. Un municipio mediterráneo que dice ser pionero en sostenibilidad: AlteaLa ciudad de Altea no tuvo un desarrollo tan vertiginoso en los años 60 como Benidorm, entre otras cosas porque el río Algar aportaba sus cantos rodados y las playas eran de piedras: el turismo de sol y playa prefería la arena y la aglomeración. Gracias a ello Altea creció con una urbanización moderada en su costa, y mantuvo su paisaje de huerta, su río y su sierra. Por ello hasta hace una década resultaba un lugar atractivo para el turismo que buscaba “algo distinto” pero quería disfrutar del sol y del mar Mediterráneo. Ahora se pretende hacer de Altea “la capital cultural del Mediterráneo”, ciudad pionera del desarrollo sostenible en el País Valenciano: para ello el actual equipo de gobierno del PP, con los votos favorables del PSOE, ha puesto en marcha siete planes parciales que van prácticamente a agotar la totalidad del suelo urbanizable del municipio sin realizar ningún estudio global de las repercusiones de este crecimiento. Todos juntos supondrán la construcción de viviendas residenciales para más de 25.000 personas que se sumarán a las 14.000 actuales, todo ello en una localidad cuyo plan general (que es de 1982 y aún no ha sido revisado) preveé un tope máximo de 25.000 habitantes. Estamos asistiendo a un proceso urbanístico que no se habría previsto ni en la mejor época del desarrollismo, que está comportando la degradación del conjunto urbano del municipio de Altea y abocándolo a un proceso de suburbialización, mientras se afirma apostar por un turismo y un urbanismo de calidad. La última de estas actuaciones falsamente culturales y “verdes” ha sido la modificación puntual del PGOU aprobada el pasado mes de Octubre para permitir la apertura de viales en los márgenes del río Algar y dar paso posteriormente al proyecto “Los puentes del Algar”. Este proyecto defiende una actuación en la zona del río que afecta a más de 2 millones de metros cuadrados y que mantendrá urbanizaciones de lujo (aldeas sostenibles según el proyecto) con una densidad de 30 viviendas por hectárea, campos de golf, complejos hoteleros y actividades lúdico deportivas en la desembocadura del río, que se dragará con el fin de hacerlo navegable y en las cercanías del cual se construirán también piscinas de agua salada. La cantera que extrae áridos junto al río (a pesar de que desde hace años se vienen produciendo denuncias vecinales que han sido desconsideradas), se cerrará “para evitar daños ecológicos” ahora que está prácticamente agotada -previa indemnización al propietario- y se reconvertirá en zona de ocio acuático. Es evidente que el lenguaje utilizado y las propuestas tienen como objetivo confundir a la población y hacernos creer que es posible urbanizar, privatizar y domesticar al río a la vez que se conserva su valor “ecológico”. En realidad el río quedará como un parque público para disfrute de una urbanización privada. Según este proyecto ¡el dinero de las inversiones privadas revertirá en beneficio de todos!, ya que permitirá sufragar los gastos que lleva consigo el mantenimiento de una zona húmeda. Así, la zona verde que toda urbanización debe aportar al municipio será el lecho del río, en el que se instalarán “observatorios de aves y aulas de naturaleza”. ¿Cómo se puede permitir tanta burla?. Es una evidencia que semejante presión urbanística destruirá esta zona húmeda ya en frágil equilibrio por el descuido al que está sometida y cuyo valor ecológico está reconocido por científicos y por la propia administración, que entre los lugares propuestos en el catálogo valenciano de zonas húmedas publicado en Junio del 2000 incluye a la desembocadura del río Algar por su alto valor. Hay que destacar que la superficie afectada por el proyecto “Los puentes del Algar” coincide con la zona propuesta por la Conselleria de Medi Ambient de la Generalitat Valenciana en su catálogo de Zonas Húmedas y que el ayuntamiento de Altea pretende agilizar la modificación del PGOU y el proyecto antes de la publicación definitiva de dicho catálogo, para tener ya la puerta abierta a la urbanización y a la privatización del río. Además, meses antes de la aprobación de la modificación del PGOU hemos asistido a un movimiento especulativo de compra de suelos en las zonas afectadas de características insospechadas: ¡se han llegado a pagar hasta 16.000 pts por metro cuadrado de suelo agrícola!. El suelo se convierte así en recurso de mercado y la compra venta especulativa en un verdadero negocio. Este fenómeno se extiende a toda la comarca, donde el tirón urbanizador que ha supuesto la instalación del parque temático Terra Mítica está controlado por grupos inmobiliarios íntimamente ligados a miembros del partido que gobierna.
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