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Las enfermedades transmitidas por el agua, los alimentos y el suelo.

 

De todas las enfermedades infecciosas, la diarrea es quizás la que tiene una vinculación más clara con el medio ambiente y algunas de las repercusiones más mortíferas. La diarrea se propaga por bacterias y virus a través de los alimentos y el agua contaminados, y estos agentes causantes de la enfermedad representan uno de los problemas sanitarios más extendidos en el mundo contemporáneo. La diarrea mató aproximadamente 2 millones y medio de personas en 1996, según la OMS, la mayor parte de los cuales eran niños menores de 5 años. En 1990, la diarrea provocó el 8 por ciento de DALYs globalmente. La diarrea mata a través de la deshidratación. Afortunadamente, es combatible de una forma fácil y bastante barata con la terapia de rehidratación oral (TRO), si se dispone de un cuidado médico adecuado. A pesar de los esfuerzos concertados para conseguir un amplio suministro de la TRO, la alta tasa de mortalidad por diarrea muestra claramente que queda aún mucho por hacer. Cuando no se produce la muerte, los casi 4.000 millones de episodios de diarrea cada año producen un debilitamiento general. La diarrea está íntimamente conectada con la desnutrición, que incrementa la frecuencia y la gravedad de los episodios diarreicos; los ataques repetidos de diarrea, a su vez, exacerban la desnutrición. Entre los agentes causantes, uno de los más comunes es la bacteria intestinal E.coli, aunque hay otros patógenos que pueden causar la diarrea.

Las enfermedades diarreicas aparecen por el contacto con los excrementos y se propagan por lo que se conoce como la vía fecal-oral. Hasta hace muy poco se pensaba que el principal culpable eran los suministros de agua contaminada, pero ahora se sabe que la ruta es más compleja. Un factor incluso mayor parece ser el agua insuficiente para lavarse, especialmente para el lavado de manos, que hace que sea imposible mantener una higiene adecuada. Cuando a un suministro de agua inadecuado se unen las letrinas compartidas - o ninguna- se crean las condiciones idóneas para la transmisión de la diarrea. En la actualidad, se calcula que unos 2.900 millones de personas no disponen de saneamiento adecuado y unos 1.400 millones no disponen de agua potable. Esta situación ha persistido a pesar de las inversiones de más de 100.000 millones de dólares durante la Década Internacional del Agua y el Saneamiento.

Las mejoras de cobertura continúan siendo sobrepasadas por el rápido crecimiento de la población y por el incluso más explosivo crecimiento urbano. Asegurar el acceso a suministros adecuados de agua de buena calidad y algún sistema de saneamiento -unidos a la educación higiénica y el desarrollo socioeconómico- sigue siendo un factor esencial en la reducción del número de enfermedades diarreicas.

Las enfermedades diarreicas no se limitan en absoluto al mundo en desarrollo, aunque son más mortíferas allí. En el mundo desarrollado, donde la diarrea es una causa importante de enfermedad pero rara vez de muerte, la Salmonella y la Campylobacter jejuni, propagadas a través de pollos o leche contaminados, son algunos de los agentes más comunes. Además, los nuevos agentes microbianos se hallan cada vez más implicados en la enfermedad humana. La Campylobacter jejuni, por ejemplo, antes sólo se encontraba en animales, pero ahora es una de las causas más comunes de las enfermedades producidas por los alimentos en humanos. Los responsables de la sanidad pública en los Estados Unidos y en otras partes advierten sobre una epidemia de patógenos producidos por los alimentos (99). Varios brotes recientes de envenenamiento de alimentos en los Estados Unidos, Canadá, Europa y Japón se han vinculado con la Cyclospora y una nueva forma de E.coli, particularmente virulenta. Para impedir cualquier posibilidad de una epidemia considerable, como ocurrió en Japón en 1997 provocada por el E.coli O 157, el gobierno de los Estados Unidos recogió en 1997 más de 11 millones de kilos de carne de vaca sospechosa de estar contaminada con ese organismo.

En 1993, los Estados Unidos experimentaron el brote más grande de diarrea en la historia reciente -afectando a más de 400.000 personas- cuando el Cryptosporidium parvum, procedente de los residuos de las granjas de animales, contaminó el suministro de agua municipal de Milwaukee, Wisconsin. Este protozoo parasitario ha estado haciendo estragos en Europa también, creando nuevas preocupaciones sobre la seguridad del agua potable en algunos de los países más opulentos del mundo.

Otras enfermedades infecciosas familiares y peligrosas, como el cólera y la hepatitis A y E, pueden transmitirse también a través de los alimentos y el agua contaminados por excrementos. Esto es más común en los países en desarrollo, pero frecuentemente ocurre en otras partes. En los Estados Unidos, por ejemplo, 151 estudiantes y profesores de cuatro escuelas de distritos diferentes en Michigan desarrollaron hepatitis A en marzo de 1997. Los casos se han asociado con el consumo de fresas congeladas importadas de México. El cólera azota periódicamente al mundo con grandes epidemias. Las tasas de mortalidad anual fluctúan ampliamente, desde varios miles hasta cientos de miles en los últimos años. La mayor parte de las muertes tienen lugar en África, a menudo entre poblaciones desplazadas o refugiados; en general, unos 79 millones de personas solo en África están en riesgo de contraer la enfermedad, según la OMS. Brotes recientes en América Latina y la aparición de una nueva variante de cólera en la India y Bangladesh proporcionan ejemplos de cómo el cambio de las condiciones ambientales puede acelerar la transmisión de la enfermedad.

Entre las enfermedades producidas por los alimentos, el agua y el suelo, los causados por las lombrices parasitarias destacan por el debilitamiento que provoca. En todo momento, aproximadamente 3.500 millones de personas están infectadas con una o varias especies de lombrices parasitarias -convirtiéndose éstas en una de las infecciones humanas más corrientes- y unos 450 millones están enfermos por su acción.

La principal vía de transmisión es la consabida senda de los excrementos humanos, vía alimentos o suelo contaminado. Cuando una persona infectada defeca al aire libre, el suelo se convierte en caldo de cultivo. El suelo contaminado es transportado hasta los hogares en las plantas de los pies. No es sorprendente que las infecciones de lombrices estén en auge en los barrios marginales de las ciudades y en las chabolas del mundo en desarrollo, según la OMS.

Aunque rara vez son mortales, las infecciones de lombrices, no obstante, ocasionan un amplio y tremendo número de víctimas. La infección se produce de manera repetida y la enfermedad se hace más grave cuando las lombrices se fortalecen en el cuerpo. El grupo más vulnerable son los niños en edad escolar, que pueden albergar múltiples infecciones de forma simultánea. Los efectos en los niños son especialmente perniciosos porque las infecciones crónicas perjudican tanto el crecimiento y el desarrollo físico como intelectual.

La infección de lombrices más mortífera es la esquistosomiasis; mata unas 20.000 personas al año y causa enfermedades crónicas en cientos de millones más. Las medicinas seguras y eficaces cuestan 30 céntimos de dólar para el tratamiento de un paciente, pero este coste es prohibitivo en muchos países. La esquistosomiasis es causada por platelmintos parasitarios, llamados trematodos, del género de la Schistosoma, cuyos huéspedes intermedios son los caracoles, comunes en todo Asia, África y otras regiones tropicales. Estos caracoles florecen en los suministros relativamente tranquilos de agua dulce. La OMS calcula que unos 200 millones de personas en los países tropicales han contraído la enfermedad bañándose o vadeando ríos, lagos y canales de regadíos infestados, y entre 500 y 600 millones más están en peligro. La esquistosomiasis está en alza en los países en desarrollo, en parte porque se propaga a las áreas previamente no afectadas a través de los proyectos de desarrollo hidrológico, como las presas o los regadíos.

Lo mismo que con la diarrea, el tratamiento sanitario de los excrementos sería de gran utilidad para prevenir la transmisión de la esquistosomiasis y otras infecciones transmitidas por lombrices. Sin embargo, los beneficios de la mejora del saneamiento pueden necesitar años para materializarse; a corto plazo, los expertos recomiendan una estrategia combinada que incluye el control de los caracoles, mejoras sanitarias, educación y un tratamiento reiterado de medicinas para mantener la infección al mínimo.

Tomado de: www.buenosdiasplaneta.com